Juan Zabaleta analiza regresar a Hurlingham para defender el municipio y madura su salida del gabinete

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Alberto Fernández y el ministro de Desarrollo Social Juan Zabaleta - Foto: NA

Según publica La Nación El ministro de Desarrollo Social está enfrentado a La Cámpora en su distrito y quiere retomar la conducción; el Gobierno debe buscar un reemplazante para comandar el ministerio en un momento de alta conflictividad.

Por: Mariano Spezzapria y Maia Jastreblansky

La decisión está madura y muchos referentes del Frente de Todos lo ven como inminente. El ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, dejaría su cargo en el gabinete nacional en las próximas semanas para volver a la intendencia de Hurlingham, en donde está en uso de licencia.

Zabaleta debe defender su terruño. De todos los intendentes que escalaron a otros cargos, es el único que no dejó a alguien de su riñón en su pago chico. Esto es porque, en el cierre de listas de 2021, evitó una guerra con La Cámpora a cambio de un precario acuerdo político que derivó en que el presidente del Concejo Deliberante de Hurlingham y hombre de la agrupación de Máximo Kirchner, Damián Selci, se quedara de forma interina al frente del distrito.

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Pero la “orga” siempre buscó disputarle el poder a Zabaleta y la tensión escaló en el último tiempo. “Los chicos no entendieron que una intendencia se valida con los votos”, dijo un hombre de conurbano que conoce de cerca el conflicto. Las encuestas le dan al ministro 75% de aprobación en Hurlingham, y ese es un capital político que debe defender, sobre todo cuando el kirchnerismo volvió a ganar centralidad y a Alberto Fernández el camino a una reelección se le angosta cada vez más.

Frente a las versiones, cerca de Zabaleta aseguraron que el funcionario sigue “trabajando en el ministerio y abocado a resolver el conflicto con los piqueteros” que en estas horas acampan en la 9 de Julio. Los detalles de su salida y el traspaso a un reemplazante, pudo saber LA NACION, todavía no se cerraron a alto nivel político. Es decir, con Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que sumó a Zabaleta como interlocutor en el último tiempo. Pero algunos en el Gobierno creen que la situación no puede estirarse muchas semanas más. Se habla de octubre.

Desarrollo Social tiene por delante un cronograma caliente. “Sería bueno que fuera antes de diciembre porque es un mes de temporada alta para Desarrollo Social, y cualquiera que venga tiene que tener un desembarco ordenado y tiempo para ponerse en funciones”, reflexionó un funcionario al tanto de la tarea que implica esa cartera nacional.

Todos en el Gobierno esperan que Zabaleta haga la salida de forma ordenada. En el PJ ya circulan varios nombres para sucederlo. “Tiene que ser alguien con peso en el conurbano”, dijo un funcionario en las últimas horas. Ariel Sujarchuk, que acompaña a Massa en el área de Economía del Conocimiento, es el que suena más fuerte, aunque hasta ahora no se formalizó un ofrecimiento. Un nombre natural, porque ocupó un cargo “pariente” antes de ser diputada, es el de Victoria Tolosa Paz. Pero muchos ven casi imposible que ella salte de nuevo al Poder Ejecutivo. La otra opción, siempre latente, es que Desarrollo Social quede en manos de La Cámpora. Máximo Kirchner ya dijo alguna vez que no pretendía que Andrés Larroque -que ocupa el mismo cargo en la provincia- se fuera del gabinete bonaerense. La camporista Laura Alonso es actual funcionaria de la cartera.

“Juanchi”, como lo apodan todos en el PJ, sabe que la etapa que viene lo encontrará en Hurlingham. No es el único intendente en uso de licencia que podrían volver a su pago chico antes de que se inaugure la temporada electoral 2023. Es un caso similar al del titular de Vivenda y Hábitat, Jorge Ferraresi, que hoy trabaja activamente por el armado electoral del kirchnerismo. Pero el caso de Zabaleta es diferente por la presencia de La Cámpora en el municipio.

Su rol político

Zabaleta es uno de los intendentes que se sumaron al gabinete para agilizar la gestión, en medio del proceso electoral de medio término. Ya estaba Gabriel Katopodis (Obras Públicas), de San Martín, y Ferraresi, de Avellaneda. El hombre de Hurlingham alguna vez fue el motor del “albertismo” y buscó iniciar un armado en la provincia de Buenos Aires. Pero Fernández le concedió a Máximo Kirchner la conducción de PJ bonaerense y desinfló cualquier posibilidad de disputarle poder al kirchnerismo.

Muchos “albertistas” quedaron impotentes frente a ese escenario: el Presidente nunca les terminó de dar el visto bueno, bajo la idea de que no estaba dispuesto a romper con Cristina Kirchner. Incluso cuando durante largos meses no hablaba con la vicepresidenta, Fernández navegó en la ambigüedad política y desconcertó a los propios. Desde junio, con la salida de Martín Guzmán del Ministerio de Economía, ese camino quedó definitivamente clausurado.

Zabaleta es uno de los que sintió ese impacto político. Ahora, mientras el kirchnerismo se reordena tras el intento de asesinato de Cristina Kirchner y Massa busca encauzar el desorden económico para posicionarse de cara a 2023, el camino del presidente Fernández se hace cada vez más angosto.

Zabaleta, en tanto, esta en una silla de fuerte desgaste diario. Además del acampe de los grupos de izquierda, acaba de dar marcha atrás con la baja 40.000 planes Potenciar Trabajo tras una fuerte presión interna. Además, monitorea las auditorías que se iniciaron sobre los 1,2 millones de planes, que no solo incomodan a las organizaciones sociales oficialistas –entre ellas el Movimiento Evita y el MTE de Juan Grabois- sino también a las controladas por la izquierda.

A ello se sumó un encuentro reservado entre Máximo Kirchner y Emilio Pérsico, el jefe del Evita que mantiene un fuerte peso político en el área social del gobierno, que encendió las alarmas en el despacho de Zabaleta. Y no es para menos: el ministro no tiene una buena relación con Pérsico, pero hasta ahora contaba con la enemistad natural del kirchnerismo con el Movimiento Evita, que viene de larga data.

Así, Zabaleta se ve comprimido por un juego de pinzas: Máximo y La Cámpora quieren “borrarlo” de Hurlingham para quedarse con la intendencia; Pérsico busca hacer las paces con el primogénito tras el intento de asesinato a su madre; y el Presidente no tiene proyecto de reelección. En definitiva, nunca dejó de hacer política local, y recorre su municipio todos los fines de semana. (La Nación)

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