OPI SANTA CRUZ
ORGANIZACIÓN PERIODÍSTICA INDEPENDIENTE |
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| Si es cuestión de manejar los números para representar en más o en menos los votos y categorizar así la elección que ganó el oficialismo, podemos ensayar varios argumentos inversos. Sin embargo de lo que se trata es de no caer en la creencia por parte del gobierno que ganó para hacer lo que quiera o que la oposición cayó derrotada en forma ignominiosa. Una cosa es seguro: la sociedad cambió y el elegido gobernador deberá adecuar sus estrategias y preparase para convivir con un año que en materia política no será para nada fácil. La provincia de Santa Cruz sigue cruzada por los conflictos gremiales que son también sociales toda vez que no se originan en cuestiones técnicas institucionales de los sindicatos sino que hacen base en las necesidades de sus afiliados que en general piden lo de siempre, mejores sueldos y elevar las condiciones laborales achatadas por la mano imperativa de gobiernos que durante casi 20 años fueron rectores únicos y absolutos del dinero del trabajador, decidiendo cuándo, cómo, dónde y cuánto le iban pagar, sin tener en cuenta las necesidades de la otra parte. La ley de paritarias que ahora tanto se ufanan haber aprobado los diputados hay que recordar que la parió el gobierno como producto de una presión popular que no le dejó otro camino. Fue una suerte de mecanismo de descompresión que usó hábilmente el actual gobernador, en medio del dislate institucional y el humor negro de la sociedad que pedía cambios, sin contar, obviamente, con la dura exigencia de los gremios como ADOSAC, ATE y Judiciales que se movilizaron en ese sentido y lograron torcer el brazo anquilosado de un poder acostumbrado a hacer lo que quería. Si el gobernador no entendió (y creemos que si) que la sociedad cambió a partir de marzo de este año, está en problemas. Si el gobernador cree que la victoria en las urnas es una abdicación de los derechos de la gente se equivoca. Si el gobernador piensa que el triunfo electoral legitima cualquier tipo de actitud en el poder y reinstala el viejo sistema del dirigismo unipersonal y arbitrario que funcionó hasta hace poco, está errado. Si el gobernador interpreta que el triunfo del 28 de octubre plebiscitó las malas costumbres que tenían los gobiernos títeres de Acevedo y Sancho no entendió parte del mensaje. Como sabemos que Daniel Peralta entiende perfectamente lo que pasó, nos vamos a evitar aclaraciones obvias como la de explicar, por ejemplo, que existe una gran parte del pueblo que no lo votó, que no avaló su representación política y dentro de cuyos pobladores hay muchos que le va a generar discordia y que él está obligado a responderle porque debe gobernar para todos, sin embargo no puede montarse en el discurso ambiguo de que lo eligió la “mayoría” para aplicar recetas sacadas del pequeño kirchnerista ilustrado que hizo fracasar el modelo en Santa Cruz en los últimos años. Y para suavizar los encendidos discursos políticos de algunos oficialistas que se ufanan de haber ganado “por mayoría”, habría que ponerle un paño frío en la frente y bajarlos a nivel de la realidad socio-política de la provincia para que entiendan que no siempre mayoría es lo que se quiere representar. Esto se explica muy bien con un juego simple de números y aprovechando los índices oficiales que se publicaron en las pasadas elecciones de octubre. Veamos: La provincia tiene (+ -) 230 mil habitantes de los cuales están empadronados 162 mil ., es decir un 70% de la población de Santa Cruz. 121 mil votaron sobre los 162 mil habitantes empadronados es decir que votó el 74,6% de esos ciudadanos habilitados para votar. El oficialismo ganó con el 58% de esos 121 mil personas que emitieron su voto, eso significan 70.180 ciudadanos que coincidieron con la continuidad del gobierno. El 42% de esos mismos 121 mil ciudadanos, es decir 50.820 no votaron al gobierno , pero sí emitieron su sufragio, ya sea en blanco, impugnado o eligiendo otra opción política. Si promediamos los votos obtenidos por el oficialismo (70.180) y el porcentual que se corresponde con la población total de la provincia (230 mil habitantes) se desprende que comparativamente al Gobernador Daniel Peralta lo votó el 30,5 % de la población de Santa Cruz. Por lo tanto se puede concluir que hay casi un 70% de los que viven en esta provincia que por diversos motivos no lo eligieron para que conduzca la provincia. Esto dicho así suena capcioso, pero no está redactado de esa manera para minimizar el triunfo del actual gobernador que ganó clara y lícitamente el 28 de octubre, la idea es demostrar de manera lineal que el término “mayoría” es tan relativo como el término “minoría” y en todo caso está sujeto a las variables numéricas que se tengan en cuenta para obtener los porcentajes. Por lo tanto en el mismo sentido decimos que cuando desde el gobierno se creen ciertamente apoyados por “todos” deben reflexionar sobre las verdaderas voluntades que conforman ese segmento que los votó. Distinto sería si el candidato oficial se hubiera impuesto por el 80 o 90% en esas elecciones. Allí sí se podría hablar de mayoría porque aún teniendo en cuenta que todos los empadronados no son los habitantes y los que votaron no son todos los que están empadronados, el número de personas que habría favorecido al candidato estaría superando la mitad de la población de Santa Cruz. Dicho esto convengamos que el actual gobernador va a tener que ser un piloto de tormentas en un año realmente complicado para su gestión y la de cualquiera que hubiese asumido en su lugar. No es exclusivo de este gobierno sostener conflictos; el nivel de deterioro del salario, producto de 17 años de intransigencia política; el achatamiento y la desjerarquización del empleado público entre otras múltiples causas van a generar el próximo año reacciones contrarias al humor oficial que quizás descanse en la tranquilidad de tener apaciguado a la APAP , UPCN, Viales y algún otro gremio por allí, pero que no maneja la enorme injerencia que vienen teniendo otros sindicatos como los docentes, judiciales, legislativos, municipales y ni hablar de ATE que está creciendo a un ritmo exponencial merced a la falta de representatividad que tiene hoy el empleado público en esta provincia. (Agencia OPI Santa Cruz) |
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