(Por: Rubén Lasagno) – Esto que desarrollaré a continuación lo he escrito varias veces antes, allá cuando comenzaron las alianzas políticas a nivel nacional (“La Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación”, año 2000) o cuando en la provincia se armaban los frentes de sindicatos para resistir las políticas del kirchnerismo (2007/2011) y hoy vemos cómo la historia reciente y la actualidad política y sindical me dan la razón, que no es un descubrimiento sociológico mío ni mucho menos, sino que está en las conductas humanas y solo hay que leerlas y analizarlas despersonalizadamente y tener la decisión de plantearlas públicamente por lo que son: “asociaciones humanas tras un objetivo común”, las cuales, según mi humilde visión analítica, extendidas en el tiempo, son un fracaso.
Recuerdo haber analizado críticamente el ascenso, la construcción y las metas de aquella Alianza del año 2000, que llegó al poder tras la debacle de los partidos tradicionales pero que en el ejercicio del Poder demostró sus limitadascapacidades de unión e implosionó debido a los egos, diferencias objetivas, posiciones irreductibles e intenciones de capitalizar el poder, por parte de sectores que inicialmente se habían integrado a este collage político con un encolumnamiento nunca visto antes en la Argentina.
Pasa el tiempo y nada cambia
Cuando en la provincia apareció el invento político-multisectorial que construyó Claudio Vidal en el 2022, dije claramente que iba camino al fracaso. Es como mezclar agua con aceite y pretender que salga un líquido homogéneo.
Cuando, ante los conflictos sociales comunes a todos los trabajadores provinciales, apareció una alianza circunstancial de gremios que se unieron para pelear por derechos comunes, expresé que si esa unión era un frente común guardando cada uno su libertad de acción y la convicción de que unirse no era “mezclarse”, la cuestión podría funcionar; pero si acaso las estructuras sindicales pretendían organizar una suerte de aparato de oposición a las políticas públicas coordinado que formara un bloque con intenciones de formalizar un frente de lucha permanente, no iba a funcionar, por la elemental naturaleza humana que abajo voy a tratar de explicar, obviamente según mi punto de vista. Soy un sostenedor de que la unión hace la fuerza, pero las uniones persistentes y permanentes, con el tiempo, dilapidan la fuerza que se haya construido.
Las alianzas políticas y sindicales son, por definición, matrimonios por conveniencia, no por amor; se unen por el “espanto” (una amenaza externa mayor) o por una meta que ningún grupo puede alcanzar solo.
Esto es general, responde a una conducta humana natural y si repasamos los grandes conflictos en Santa Cruz, veremos cómo las enormes movilizaciones del año 2007, con más de 20 mil personas en la calle, obligaron a los cambios por parte del poder político de entonces; se juntaron para un fin y no permanecieron en el escenario, pero su presencia está latente ante cualquier otra crisis.
En un frente político o sindical, todos comparten un marco general (p. ej., defender a los trabajadores, buscar la justicia social o impulsar el libre mercado). Como las diferencias de fondo son mínimas, las diferencias de forma o de liderazgo primero están ocultas, luego se magnifican y aparece el ego que necesita distinguirse para sobrevivir; y aquí aparecen los problemas.
Egos, personalismos y ambiciones propias
Para contextualizar el fenómeno de por qué producimos alianzas y luego las quebramos, es importante referirse al sociólogo alemán Robert Michels, quien estudió los partidos políticos y sindicatos a principios del siglo XX y formuló una ley casi inquebrantable, a la cual adhiero personalmente en su total amplitud: “Toda organización, por más democrática que sea en sus inicios, termina inevitablemente dominada por una pequeña élite (una oligarquía)”.
Y es un rasgo natural del humano; no se trata de factores de demencia o locura de las cuales son víctimas los que llegan a un puesto de Poder. Cuando las masas se unen, necesitan líderes que las organicen, pero una vez que esos líderes asumen el control comienzan a valorar más la supervivencia de su propio cargo y estructura que el objetivo original que los unió y aparece el personalismo, nuevas ambiciones (políticas o sindicales) y los egos juegan un papel fundamental en todo esto.
A partir de allí, la causa deja de ser una idea abstracta (“los derechos laborales“) y pasa a tener nombre y apellido (“el movimiento de Juan o de Pepe, puede ser una persona o una organización“); por lo tanto, atacar a Juan o a Pepe se vuelve sinónimo de atacar la causa.
Esto implica que, como ocurrió con aquella Alianza del año 2000, pasó con “Por Santa Cruz” y pasa con los frentes gremiales; cuando todos ellos pelean contra el enemigo común, la victoria es compartida. Una vez que ganan (o se asientan), el poder interno es un recurso limitado y para que el ego de un dirigente crezca, el de otro tiene que achicarse. La cooperación, entonces, se transforma en competencia y en una cuestión típicamente endogámica.
Es así que cuando la amenaza externa desaparece (por ejemplo, cuando el frente electoral gana la elección y asume el gobierno), vemos que el instinto tribal se redirige hacia adentro y comienza la lucha por el “líder”.
Esto nos lleva a pensar en la existencia de una gran paradoja: el momento de mayor peligro para cualquier frente de masas político o sindical no es la derrota, sino el triunfo.
Por estas razones que no las descubro yo, sino que son parte indivisible de la conducta humana, es que no creo en las alianzas ni en los frentes como entidades de gobierno y Poder. Para mí son estructuras circunstanciales que deben luchar por un objetivo común, pero si pretenden institucionalizarse como un proyecto político o sindical a mediano y largo plazo, el fracaso está asegurado.
El fracaso de los frentes o las alianzas no es un error del sistema; es una característica intrínseca del comportamiento humano frente al poder. Las ideas movilizan a las masas, pero una vez movilizadas, las estructuras son secuestradas por la necesidad de estatus de sus dirigentes y esto empieza por colisionar internamente entre sus componentes y luego se traslada hacia afuera, representando un verdadero fracaso, como lo ha sido la “Alianza de Fernando de la Rúa”, el frente político (Fernández, Massa y CFK) que armó el kirchnerismo para ganarle a Mauricio Macri, el actual Frente político del SER en Santa Cruz o la denominada Mesa de Unidad Sindical del año 2007 en la provincia.
En definitiva y como yo lo veo, el fracaso de estos fenómenos de masas que se inician tras un objetivo común, luego implosionan por mano propia, debido a la guerra de egos y personalismos que transcurren internamente, lo cual termina por romper la armonía que habían demostrado tener y disgrega a esas organizaciones de forma definitiva, dejando (a veces) heridas irreconciliables. (Agencia OPI Santa Cruz)
EXTRAORDINARIO RAZONAMIENTO SR LASAGNO LEJOS DE PARTIDOS Y SINDICATOS PONIENDO LAS COSAS DONDE DEBEN ESTAR. SENCILLO Y CLARO. FELICITO
Lo de Vidal fue una desesperada alianza porque no tenía como ganarle al kirchnerismo y lo de encuentro la ucr y el pro es aliarse para tenr un carguito
Son unos vende patria estos tipos
si no sirven
todos fracasaron
me acuerdo del chanta de chacho alvarez
asco dan estos tipos
La pregunta es, qué saben de política estos tipos?
Ni los políticos ni los sindicalistas. Utilizando el sustantivo colectivo como corresponde para mencionar a ambos géneros.
Hay muy pocas ideas. Todos repiten historias pasadas.
Todos teplican hechos políticos centenarios, cómo si hoy de viviera como 50 años atrás
Reparten alimentos. Entregan frazadas y leña como si estuviéramos en la época colonial.
Incapaces de disimular sus limitaciones y fracasos
De repente sale una ministra NN y habla de lo que no sabe.
Al otro día aparece otra ministra que repite lo que escucha.
Surgen definiciones de ministros que no saben dónde están parados.
Los sindicalistas son especialistas en mentir.
Engañan a sus afiliados. Son cómplices del gobierno.
Qué dirigente actual es creíble?
Algunos?
La casa de gobierno parece el patio de la U15.
Los delincuentes se pasan y se meten en todas las oficinas.
Es inexplicable que los funcionarios honestos los reciban.
totalmente de acuerdo a sus palabras Zaran.. estos impresentables y chorros estan destruyendo la provincia… metieron a los santacruceños en un pozo… la peor gestion de gobierno en años… un desastre. lo mires por donde lo mires…
Totalmente de acuerdo EN TODO
Muy buen análisis Opi. Adhiero totalmente.