La coartada del abismo

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(Por: Álvaro de Lamadrid (*) para OPI Santa Cruz) – La coartada del abismo es lo único que le ha permitido a los Milei esconder y falsear la realidad. Es lo único que le ha permitido que la ciudadanía tolere su génesis antidemocrática, su falta de plan y su corrupción.

El desastre heredado del Kirchnerismo, y en especial del tercer gobierno de Cristina Kirchner, con Alberto y Massa ha operado como una justificación de la decadencia presente. El derrumbe de una nación no ocurre de golpe; se construye minuciosamente en la resignación silenciosa de su sociedad. El kirchnerismo, en su estocada final dejó una Argentina de rodillas: una pobreza estructural que devoró generaciones, instituciones reducidas a cáscaras vacías y un tejido social atomizado por el resentimiento y el desencanto. Sin embargo, el dolor punzante de esa herencia se transformó hoy en un perverso mecanismo de manipulación psicológica.

Aquel pasado desastroso funciona como el pararrayos perfecto y la coartada absoluta del gobierno de los Milei. Asistimos a un fenómeno de anestesia colectiva, donde el miedo al regreso del monstruo anterior se convirtió en el combustible para tolerar el desgarro presente y su carrera hacia ninguna parte. Un populismo “cool” reemplazando a otro con naftalina.

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Bajo la bandera de un cambio mesiánico y queriendo creer en la eficiencia de un “genio loco” parte de la sociedad acepta la demolición de la salud pública, el ahogo a las universidades y el desamparo de los jubilados como costos inevitables de una supuesta guerra santa económica. “No quedaba otra“, “no se podía hacer otra cosa“, “es lo único que no probamos” y mil  versiones más del fenómeno del pensamiento “al servicio del deseo“. Hablo de cuando una persona o una sociedad cree que pasará lo que desea y se convence de ello solo porque lo desea. En ese contexto la crítica legítima quedó anulada y cancelada por el chantaje emocional del espejo retrovisor.

Si faltan medicamentos o si el salario ya no alcanza para comer, -incluso si la gente se endeuda para ello- la respuesta oficial y militante es siempre un desvío hacia el culpable del ayer: un cinismo retórico que reduce el debate público a un eterno “pero antes estábamos peor”, “antes robaban más” o “la inflación antes era más”, etc. La paradoja más decadente y desgarradora de este proceso es que la supuesta lucha contra la corrupción  de los Milei y los Menem, resultó ser como advertimos desde antes del ballotage: un simulacro.  Por eso explicamos que la elección entre Massa y Milei no era una elección en blanco y negro, sino una entre dos grises. No entre opuestos sino entre corrupciones de distinta intensidad y volumen.

La “casta” no fue destruida, sino reciclada y sentada en los despachos principales del nuevo poder. Milei no pudo siquiera ser el testaferro de la casta sino un convidado de los negocios que les garantizaba. Vila, Manzano, Filinerti, Eurnekian, Elsztain, Cristóbal López y otros se beneficiaron en negocios que ni el Kirchnerismo  pudo brindarles. Las viejas prácticas de prebendarismo, los contratos oscuros  con el Estado y el uso del aparato estatal para el beneficio de unos pocos no desaparecieron, mutaron de piel y se reprodujeron con velocidad con nuevos nombres bajo la misma impunidad de siempre. El dolor de los más vulnerables se transformó en estadística fría truchada, mientras los mismos negociadores del pasado dictan las reglas del presente.

Nos encontramos atrapados en un círculo vicioso de degradación mutua. El fracaso obsceno del ayer legitima el desprecio institucional de hoy y la sociedad queda rehén de una “falsa opción” entre el saqueo populista o la corrupción dogmática. La sociedad quería terminar con el populismo del peronismo y ahora tiene más populismo peronista, totalizador y polarizador. Mientras permitamos que el espanto del pasado justifique la miseria del presente, el futuro argentino seguirá hipotecado en el altar de la complicidad, el desencanto y la pérdida irreversible de nuestra propia dignidad.

Los cómplices y tránsfugas del gobierno (los Kirchneristas devenidos en libertarios, los siempre oficialistas equilibristas de la política,  los dialoguistas, los  héroes, los comeasados y comemilanesas) fueron los más fervientes devotos de la cortina de humo de la “teoría del abismo”, a tal punto que hasta Scioli, Pilar Ramírez, Pareja, Nene Vera repiten que hay que “blindar el cambio”.

El drama de la política argentina es el oportunismo

Los tránsfugas que se hicieron oficialistas y le hicieron seguidismo a los Milei, los que decían que no eran ni serían oposición hoy empiezan a tener actitudes cínicas de oposición. El drama de la política argentina, es el oportunismo y la subordinación de la ética a la supervivencia personal, los negocios, beneficios sectoriales o intereses dentro de la estructura del poder gobernante.  Una burla al electorado de quiénes han buscado todo este tiempo la cercanía al gobierno para asegurar recursos, cargos y visibilidad, priorizando la incondicionalidad mendicante sobre la coherencia y los principios traicionando al electorado que los eligió para ser oposición se hicieron oficialistas.

Son los responsables, con ese ciclo de apoyo y posterior distanciamiento tardío  y conveniente, de permitir la consolidación de esta forma decadente de ejercicio del poder que persiguiendo la disidencia ha debilitado la instituciones democráticas. Son quienes han normalizado  la corrupción indisimulable del gobierno, al tiempo que también son los responsables de que la gente descrea de la política, porque nadie los defiende y hace propios sus problemas.  

Repudiamos esa “mala praxis política” y la búsqueda de supervivencia de los héroes y dialoguistas, de los comeasados, de quienes le han votado todo a este gobierno  y se han resignado a defender este presente decadente al que llaman “cambio”. Es insólito que algunos digan que acompañan al gobierno a la vez que dicen que lo enfrentarán.  Son como el pastor mentiroso. Han sido una patética consultora del poder, en lugar de una verdadera alternativa, debilitando la calidad democrática del país.

La salida la tiene la ciudadanía

Si hoy la sociedad advierte que debe surgir otra forma de hacer política y otra propuesta limpia, decente y al servicio de la gente, no es solo porque ha quedado claro que ni el Kirchnerismo ni los Milei encarnan un proyecto de país viable que nos saque de la decadencia, sino que quienes se han arrodillado avalando y aplaudiendo el engaño del gobierno, vendiendo su dignidad y aceptando tirar sin ponerse colorados el pesado carro del ajuste con corrupción, son parte también de un pasado dirigencial que debemos dejar atrás.

Ningún dirigente nos va a salvar si no nos ponemos de pie como sociedad. El futuro del país depende de la ciudadanía, de no mirar hacia otro lado. La salida no está en un despacho oficial ni en una promesa electoral, está en la fuerza y la honestidad de los ciudadanos comunes. (Agencia OPI Santa Cruz)

(*) – Abogado, ex diputado mandato cumplido por la UCR.

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