La Casa Rosada mueve sus fichas en el tablero legislativo con una confianza que, para muchos, resulta audaz. El ministro del Interior, Diego Santilli, salió a marcar la cancha este lunes asegurando que el oficialismo ya cuenta con las voluntades necesarias para convertir en ley la reforma laboral.
Sucede que la estrategia de seducción en los pasillos del Congreso parece haber dado frutos. El funcionario destacó la labor de Patricia Bullrich en el Senado y de Martín Menem en la Cámara de Diputados, quienes habrían tejido los consensos para blindar la iniciativa de Javier Milei.
El punto es que el Gobierno aceptó que habrá modificaciones este miércoles en la Cámara alta, aunque Santilli insiste en que el corazón del proyecto permanece intacto. Para el Ejecutivo, el objetivo es reactivar el empleo formal en la segunda mitad del mandato presidencial.
El argumento oficial se sostiene en la obsolescencia de las normas actuales. El ministro sostiene que es ridículo regirse por leyes aprobadas cuando no existía el trabajo remoto ni la tecnología digital. La apuesta es ambiciosa: pretenden que ese 50% de trabajadores informales ingrese finalmente al sistema.
Para el trabajador que hoy sobrevive en la informalidad, la promesa es el acceso a una jubilación, obra social y vacaciones pagas. La gestión libertaria entiende que la modernización es la única vía para que el sueldo bancarizado deje de ser un privilegio de pocos.
Otro eje central del discurso oficialista es el combate contra la denominada industria del juicio. Santilli puso el foco en las pymes, señalando que son las pequeñas empresas las más castigadas por los litigios, a diferencia de las grandes corporaciones que tienen espalda para resistir los embates judiciales.
El horizonte parlamentario para este año se presenta cargado. Además de la reforma laboral, el Gobierno impulsa cambios en la Ley de Glaciares, una medida que, según el ministro, busca devolver facultades a las provincias en el manejo de sus recursos naturales.
Lo cierto es que el miércoles será la primera prueba de fuego real para este optimismo. El país observa con atención si los votos prometidos se materializan en el recinto o si las modificaciones terminan desdibujando la ambición de máxima del Presidente. (Agencia OPI Santa Cruz)