Tras días de máxima tensión y escenas que rozaron el descontrol en las puertas de la Jefatura, el gobernador Maximiliano Pullaro decidió cortar por lo sano. El mandatario santafesino calificó el reclamo de los uniformados como un planteo “justo y genuino” que merecía una respuesta política inmediata.
El anuncio llegó por decreto, una herramienta que busca dar previsibilidad en medio del caos. El dato central que afecta el bolsillo del agente es el nuevo piso salarial: ningún policía percibirá menos de 1.350.000 pesos. La medida es un intento por recomponer una relación que se había quebrado por la erosión inflacionaria.
Para quienes están en la calle, el número es incluso superior. Con la suma de la garantía de canasta básica y el refuerzo en la Tarjeta Alimentaria Policial (TAP), un efectivo en funciones operativas llegará a los 1.438.835 pesos. Pullaro fue tajante al explicar que el esfuerzo fiscal se hace para que el salario le gane a los precios, a pesar de que el crecimiento económico del país sigue sin aparecer.
La paz llega después de momentos oscuros en Rosario. Horas antes, el jefe de la fuerza local, Luis Maldonado, fue agredido y escupido por sus propios subordinados cuando intentó mediar en la Unidad Regional II. Ese desborde evidenció que la cadena de mando estaba al límite y que solo una respuesta económica contundente podía frenar la rebelión.
Por su parte, el ministro de Economía, Pablo Olivares, ratificó que el objetivo es que ni policías ni penitenciarios queden por debajo de la línea de pobreza. La gestión santafesina apuesta a que este aumento, sumado al fin de las sanciones de disponibilidad anunciado por Pablo Cococcioni, devuelva finalmente la patrulla a los barrios de una provincia que no da tregua. (Agencia OPI Santa Cruz)