La brecha entre los subsidios estatales y el costo de vida real en la Patagonia y el resto del país se profundizó en el inicio de 2026. Mientras el INDEC reportó una inflación general del 2,9%, la canasta de crianza para menores escaló un 3,5%, dejando a los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo en una posición de vulnerabilidad financiera crítica, cubriendo apenas el 25% de las necesidades básicas.
El desglose del costo de vida infantil
El análisis técnico de los datos de enero revela un encarecimiento sistémico en todos los rangos etarios, con subas que superan el promedio del IPC:
- Bebés (0 a 1 año): El costo saltó de $460.178 a $476.230 en solo 30 días.
- Niños de 1 a 3 años: La cifra se ubicó en $567.124, con un avance mensual del 3,5%.
- Franja de 4 a 5 años: El incremento fue del 3,6%, alcanzando los $483.497.
- Escolares (6 a 12 años): Este segmento ya perforó el techo de los $600.000, situándose exactamente en $607.848.
La estructura de estos gastos se divide principalmente en dos rubros: bienes y servicios, que promediaron los $154.079, y costos de cuidado, que ascendieron a $322.151. El componente inflacionario más agresivo fue el de alimentos, que registró un salto del 4,7%, impulsado por el precio de la carne.
El desfasaje de la seguridad social
Frente a un costo de vida que no da tregua, la respuesta administrativa de la Anses resulta insuficiente en términos de poder adquisitivo real. En marzo, la AUH tendrá un aumento por movilidad del 2,88%, fijando el monto bruto en $132.814.
Sin embargo, tras la retención obligatoria del 20%, el pago de bolsillo que recibe el beneficiario será de apenas $106.251,20. Si comparamos este ingreso contra la canasta de un niño en edad escolar ($607.848), el estado apenas aporta una fracción que no llega a cubrir las necesidades mínimas de subsistencia, mientras la inflación interanual de la canasta ya supera el 21%.
Este escenario se da en un contexto de incertidumbre estadística, tras la decisión del ministro Luis Caputo de frenar la salida del nuevo IPC, manteniendo un esquema de medición que, a la luz de los datos de las góndolas, parece correr por detrás de la realidad de los consumidores. (Agencia OPI Santa Cruz)