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Intoxicados en Caleta Olivia. Cuando la premura por llegar primero le gana a la verdad y algunos medios dan por sentado lo que dicen las redes sociales y mienten o confunden

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(Por: Rubén Lasagno) – Hay un viejo dicho azteca que señala: “No es importante llegar primero sino saber llegar”, extraído de la vieja canción del mejicano Vicente Fernández, enmarcada en el tema “El Rey”. Y la cita es muy apropiada para lo que voy a abordar.

La sublimación de las noticias, esto de “cortar y pegar” (dixit-textual) lo que dicen las redes sociales sin el recaudo de la comprobación/confirmación, por el solo hecho “de llegar primero”, es la antítesis del periodismo.

Esto lo rescato debido a lo que ocurrió hace dos días atrás con la noticia sobre un matrimonio y tres hijos que (de acuerdo la información primaria difundida por los medios digitales) habrían comido en el basural de Caleta Olivia, se intoxicaron y la pareja habría fallecido y sus hijos estaban en terapia intensiva.

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Los medios de Santa Cruz y algunos de Chubut repitieron textualmente “la noticia” surgida de las redes sociales con la prioridad de difundir “en tiempo récord la información” sin mediar la mínima prudencia de comprobar la veracidad de la especie. Una vez más, se preocuparon por llegar primeros y no por la verdad en si misma.

El primer medio que puso la nota distintiva fue el diario La Opinión Austral que en su versión digital se contrapuso a todos los demás: sin apurarse en un principio por ganar tiempo, notificó a la audiencia que se trataba de una mujer de 19 años que había fallecido, posiblemente intoxicada por comer en el basural y en efecto, tres de sus hermanos (de 3, 8 y 13 años) que estaban atendidos en cuidados intensivos del hospital Tardivo de Caleta. ¿Qué hizo el medio de distinto?, desconfiar de lo que estaban en las redes, efectuar la comprobación propia y contar la verdad. Simple, lógico y profesional. Alguien en la Redacción se tomó el trabajo de llamar a fuentes oficiales (hospital, policía, autoridades de Salud etc) y de allí surgió una versión absolutamente distinta (no menos grave) sobre lo que verdaderamente había ocurrido. Demás está decir que no es necesario pasar por un aula universitaria y comerse los libros de Marshall McLuhan para actuar en consecuencia; solo basta seguir un razonamiento básico y ser consciente del trabajo que debe hacer.

La falsa actitud de hablar de “actualizarse” sin practicarlo

El ecosistema digital actual ejerce una presión enorme por obtener la primicia, pero cuando la inmediatez de las redes sociales desplaza a la comprobación de los hechos, el periodismo sufre daños estructurales profundos. Hay algunos medios que debaten sobre la inclusión de la IA, el manejo de la información digital y la avanzada tecnológica, pero dejan afuera la discusión de fondo: el periodismo de base y su mecanismo de la búsqueda de la verdad, que no ha cambiado desde Heródoto hasta acá.

Cualquier curso actualizado sobre las bases del periodismo digital (aunque para mi el periodismo es uno solo), marca claramente que la independencia y la credibilidad son el principal capital de un medio en la web y caer en esta trampa de la inmediatez, por sobre la verdad, presenta riesgos graves.

El daño más devastador de los medios que usan las redes, es la destrucción del pacto de lectura con la audiencia. Cuando un medio publica información falsa o inexacta por apuro, el lector pierde la confianza. Cuesta años construir una reputación de independencia y rigor, pero basta con un par de publicaciones erróneas basadas en tendencias de redes sociales para que esa credibilidad se desplome, ese es otro de los problemas que tiene la inmediatez y de allí que la velocidad de la comunicación implique mayor rigurosidad en el proceso de reconfirmación de los datos que poseemos.

Me canso de decir en cada oportunidad que tengo, que las redes sociales están diseñadas para la viralidad de contenidos, no para la verdad. Al tomarlas como fuentes primarias sin un filtro crítico, el periodismo corre el riesgo de convertirse en un instrumento involuntario de operaciones políticas, campañas de desprestigio o fake news.

Sucede en Santa Cruz donde la contienda política partidaria entre el gobierno de Vidal y el intendente Pablo Grasso, de ambos lados (tanto oficialmente como de parte de los colaboradores pagos en las redes sociales), abruman con datos y acusaciones de un lado y otro, lo cual en muchos casos tienen fundamentos verdaderos, pero el objetivo final distorsiona y desvaloriza la información como tal y (al menos para OPI) deja de interesar como noticia.

En lugar de exponer al poder o investigar los hechos, el medio que utiliza las redes termina validando y amplificando manipulaciones, en la mayoría de los casos siendo funcional a los fines del sector o la persona que tiró a rodar el dato. En un hecho por el cual, siempre desde nuestro medio, repetimos hasta el cansancio que nunca fundamos nuestras fuentes en las redes; eso no significa que podamos tomar la “noticia” como un disparador, desde el cual empecemos a realizar las averiguaciones pertinentes para llegar a la verdad.

El trabajo del periodista no es ser un repetidor de lo que ya circula en internet, sino investigar, contextualizar y contrastar. Si un medio se limita a hacer eco de los tuits o videos virales del momento, pierde su razón de ser. Deja de ser un intérprete de la realidad para convertirse en un simple agregador de contenidos, perdiendo relevancia frente a su audiencia.

El otro agravante de la información volcada en las redes, es que aún cuando provenga del muro de un funcionario, gremialista o de cualquier personaje cuya opinión tenga peso en la opinión pública, cuando estalla el escándalo debido a sus dichos, puede recurrir al desconocimiento de sus expresiones, diciendo que “fue hackeado”, que manipularon su site, que él no dijo lo que dijo y una serie de argumentos, tan incomprobables como la información que puso allí. Y esto pasa de manera recurrente, no es un delirio; es la realidad de lo que ocurre con las redes sociales.

Primero “a cualquier costo”

La inmediatez exige publicar rápido, lo que impide el análisis profundo. Las redes sociales fragmentan la información y la despojan de su contexto histórico, económico o político. Basarse exclusivamente en ellas genera un periodismo epidérmico que informa sobre el síntoma (el escándalo del día) pero es incapaz de explicar la enfermedad (las causas estructurales o los documentos de fondo). En el caso que nos ocupa y pusimos como ejemplo, la cuestión es mucho más simple: solo referirse al hecho puntual en base a lo ocurrido, no a una mentira.

La tensión entre llegar primero y llegar con la verdad es uno de los mayores desafíos en la gestión de medios digitales hoy en día. Lo repito en los 21 años que llevamos en la web y si bien nadie está exento de equivocarse y menos aún nosotros, la gran diferencia la hace el método que amplía esa posibilidad de error cuando no se es imparcial (políticamente) y riguroso con la verdad y esto deviene, precisamente, cuando tomamos por regla lo que debería ser una excepción. (Agencia OPI Santa Cruz)

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1 COMENTARIO

  1. Buenos días Rubén hablar de método, investigación, contrastación, verificación, son valores propios de un periodismo que no claudica ante los “aprietes” económicos, sino que está basado en la rigurosidad y el “cuidado” de la profesión. Lo de Caleta Olivia – hecho gravísimo – desnuda la individualidad, la falta de idoneidad de los Ministerios o Direcciones que deben encargarse de dichos problemas sociales. Duele, angustia, perfora el mínimo entendimiento humano, para quienes somos participes de esta sociedad “rota”, espoleada, desinformada. La bronca no deja de palpitar y encender improperios de quienes deben velar por el otro, ese que me constituye y completa. Lo demás es robo, saqueo, ignorancia, depredación, dominación, sin el más sentido humano y democrático

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