
(Por: Rubén Lasagno) – Hoy los diarios de la provincia salieron con un titular de alto impacto como “En siete meses, Santa Cruz superó las exportaciones per cápita anuales de EE.UU., Japón y Nueva Zelanda”, pero esta supuesta algarabía oficial, de un gobierno provincial que festeja estar en la pol position de la minería mundial, sufre lo que se denomina “La paradoja de la abundancia” que describe la contradicción que existe en provincias como la nuestra con muchos recursos naturales y crecimiento económico menor, índices de pobreza y desocupación preocupantes y un escaso o inexistente desarrollo de los lugares en los cuales se producen esos recursos y en OPI Santa Cruz hace 20 años venimos apuntando esta visible contradicción entre el discurso minero-petroleros-exportador y la realidad fáctica de la provincia.
Lo que pasa en Santa Cruz es lisa y llanamente el síntoma de una matriz productiva estructuralmente desequilibrada, típica de las economías extractivas y para entender por qué Santa Cruz que como dice la nota de los diarios, exporta más de USD 7.000 por persona, mantiene a la mayoría de sus trabajadores en la pobreza, hay que desarmar el circuito del dinero y cómo está armada su economía local.
La distorsión del indicador “per cápita“
El cálculo de exportaciones por habitante es una simple división matemática que se resume a la ecuación que toma el total de dólares exportados dividido por la población. Santa Cruz tiene una población muy pequeña, pero alberga megaproyectos corporativos (oro, plata y petróleo) y la minería sola explica aproximadamente el 80% de las exportaciones totales de Santa Cruz.
Esta riqueza es intensiva en capital (requiere miles de millones en maquinaria y tecnología), pero poco intensiva en mano de obra local en comparación con el volumen que factura y eso que siempre dijimos en OPI, en este momento es reclamo de los sindicatos mineros.
De esta manera los dólares inflan la estadística per cápita, pero pertenecen a un “enclave” exportador que no derrama su facturación directamente sobre la economía de a pie. Es decir, es una mentira que disfraza una realidad virtual que los gobiernos usan como pantalla de posicionamiento político, pero que no pueden explicar por qué sucede. Ellos lo saben perfectamente, pero solo bajan a los medios ya la sociedad, la parte del mensaje que más le conviene.
La riqueza viaja a Buenos Aires
Existe la falsa creencia de que si la provincia exporta miles de millones, el tesoro provincial nada en dólares. Nada más falso.
La arquitectura legal e impositiva argentina marca otra realidad que se basa en las Retenciones Nacionales donde el mayor bocado impositivo de esas exportaciones se lo queda el Estado Nacional a través de los derechos de exportación. Ese dinero va directo a la Casa Rosada y no se coparticipa a la provincia; luego están las Regalías Provinciales que por la Ley de Inversiones Mineras, lo que las empresas dejan directamente en las arcas de Santa Cruz por extraer los recursos tiene un tope histórico en un 3% del valor “boca de mina”, es decir, el mineral crudo antes de ser procesado, cuyo valor contable es muchísimo menor al precio final de exportación.
En términos generales, el Estado Nacional se ha quedado históricamente con cerca del 75% de la recaudación fiscal de la actividad minera, mientras que la provincia productora recibe alrededor del 22%.
¿Esto es ser “antiminero”?, no. La minería como actividad es esencial, necesaria y parte de la vida misma. El problema no es que se haga, sino cómo se hace a qué costo lo hacen, cuánto dejan a la provincia y cómo dejan la provincia cuando se retiran. Y de eso, nadie habla.
El Estado como único refugio
Como la economía provincial se concentra en exportar recursos primarios, no se ha desarrollado un tejido industrial o privado diversificado como fábricas, grandes pymes, servicios tecnológicos, etc que ofrezca buenos sueldos por fuera de las minas y los pozos. Y esto es un responsabilidad directa de los distintos gobiernos de los años ´70 para acá. Nunca hubo no hay desarrollismo, el modelo estatista y controlador de los gobiernos, ha matado sustancialmente la actividad privada para hacer rehenes del propio Estado a los escasos 350 mil habitantes de Santa Cruz.
Por lo tanto ante la falta de alternativas, propias de las malas política estatales que mencionamos, cada gobierno provincial anterior y actual absorbió históricamente la demanda laboral para mantener la paz social., la gran excusa que venimos oyendo de parte del sector estatal.
El resultado es abrumador: Santa Cruz es la jurisdicción con mayor proporción de empleo público del país, alcanzando los 117,7 trabajadores estatales cada mil habitantes. De esta manera no hay desarrollo posible.
Para poder pagar los salarios de esta gigantesca nómina mensual utilizando ingresos que están atados al escaso 3% de regalías y a la coparticipación, el Estado provincial se ve obligado a licuar los sueldos, lo que viene ocurriendo hace muchos años. El empleo público funciona en la práctica como un seguro de desempleo encubierto, pagando salarios por debajo de la línea de pobreza “para que alcance para todos”.
El “costo Patagónico”
Finalmente y como lo he dicho y repetido en otros análisis de este tipo, el trabajador público sufre el daño colateral de convivir geográficamente con la industria extractiva.
Los pocos trabajadores petroleros y mineros que comparativamente con la población perciben salarios excepcionalmente altos, empuja hacia arriba los precios locales de bienes básicos, supermercados y sobre todo, los alquileres, por eso el costo de vida en Santa Cruz es tan alto y los salarios tan bajos.
El empleado de la administración pública queda atrapado porque debe sobrevivir con un sueldo deprimido en ciudades que tienen un costo de vida configurado para sueldos petroleros como es el caso de zona norte y en Chubut, Comodoro Rivadavia, por ejemplo o zonas mineras como Las Heras, Gregores, San Julián, Perito Moreno, Los Antiguos, entre otras ciudades.
Esto explica por qué, en capitales como Río Gallegos, las mediciones de pobreza se mantienen persistentemente por encima del 23%, con niveles crecientes de indigencia en una provincia que está asentada en el oro, la plata, el petróleo y gas y el agua, con costas de pesca marítima impresionante, con una fauna ictícola diversificada y una potencialidad de la industria sin chimeneas, como el turismo, que está minimamente explotado comparativamente con otros lugares del mundo donde con menos recursos y mejor organización, políticas de Estado y gobiernos y políticos menos corruptos, tiene un mejor destino final. (Agencia OPI Santa Cruz)