(Por: Rubén Lasagno) – El estrepitoso derrumbe de la cadena Autofarma dejó en la calle a cerca de 200 trabajadores, pero en Santa Cruz, como lo he dicho cientos de veces, inexorablemente las crisis representan oportunidades para los mismos de siempre.
Detrás de la cortina de humo de la “responsabilidad social” y la promesa de absorber la mano de obra cesanteada, se está gestando un simple traspaso de mando: el millonario nicho de las farmacias y droguerías no desaparece, sino que cambia de dueño dentro de la misma familia política.
Durante años, este mercado cautivo fue explotado por los hermanos Llaneza, “empresarios” forjados al calor del kirchnerismo, prebendarios por excelencia y hoy acorralados por causas judiciales y desmanejos financieros. Su caída dejó un vacío que rápidamente corrió a llenar el Grupo Prisma, respaldado societariamente por Onyx Inversiones S.A. ¿Quién está detrás de esta firma? Nada menos que Leonardo Álvarez, el ex Ministro de la Producción y ex Jefe de Gabinete del gobierno de Alicia Kirchner.
La estrategia es de manual. Alquilando los locales estratégicos que Autofarma dejó vacíos y entrevistando a los trabajadores desesperados, Álvarez se presenta ante la sociedad como el salvador del empleo local. Sin embargo, la excusa de la absorción laboral funciona como el escudo perfecto para quedarse con un negocio multimillonario sin levantar sospechas, heredando el monopolio que los Llaneza ya no pueden sostener.

Lo que resulta verdaderamente escandaloso es el prontuario político y empresarial de quien hoy pretende erigirse como el nuevo zar de las farmacias patagónicas. Leonardo Álvarez es un sujeto históricamente vinculado a los negocios más oscuros de la matriz K, un hombre que perfeccionó el arte de atender de ambos lados del mostrador sin siquiera ruborizarse y que OPI Santa Cruz se cansó de seguir y hacerlo público.
Mientras ocupaba cargos de máxima jerarquía en el Estado provincial, con el deber indelegable de auditar y controlar a las multinacionales extractivas, sus empresas de logística, como Transportes Álvarez con base en San Julián, acaparaban los fletes de las mineras.
Era el funcionario que regulaba la actividad y al mismo tiempo, el empresario que cobraba fortunas por transportar el oro desde los yacimientos hacia los puertos. El paroxismo de esta impunidad quedó expuesto en plena pandemia de 2020: mientras los santacruceños sufrían encierros y los transportistas de bienes esenciales enfrentaban bloqueos, los camiones de Álvarez cruzaban la frontera desde Chile cargados de cianuro, habilitados por el propio gobierno del que él era Jefe de Gabinete, lo cual expuesto públicamente por OPI Santa Cruz, tras la detención de uno de los camiones en la caminera de Chimen Aike, donde fue demorado por irregularidades, proveniente de Punta Arenas. El camión, obviamente, luego de algunas horas fue liberado.
A pesar de estas maniobras obscenas y de un evidente, sostenido y grosero conflicto de intereses, Álvarez ostenta un récord que solo se explica en Santa Cruz: jamás ha sido denunciado, rozado, ni molestado por una sola investigación de la justicia provincial. Su figura parece estar blindada por un manto de impunidad judicial y mediático, que le permite transitar sin escalas de funcionario lobbysta a empresario exitoso del rubro sanitario.
El caso Autofarma no es una historia de quiebra y resurrección empresarial, es la radiografía perfecta de cómo opera el poder en la provincia. Los actores cambian, pero la matriz extractiva y prebendaria sigue intacta. El negocio de los medicamentos en Santa Cruz seguirá siendo un coto cerrado del kirchnerismo; simplemente, a los Llaneza se les terminó el tiempo y llegó el turno del intocable Leonardo Álvarez. Y nadie, absolutamente nadie va a hacer nada ni lo va a decir en voz alta. (Agencia OPI Santa Cruz)