(Por: Rubén Lasagno) – El núcleo del debate que el gobierno nacional ha instalado en el país en relación a Malvinas, se debate entre la retórica política y la “realpolitik” (la política basada en el pragmatismo y los intereses reales). Analizar los recientes movimientos del gobierno de Javier Milei respecto a Malvinas requiere separar el impacto emocional interno y las manifestaciones de patriotismo exacerbado, de las verdaderas posibilidades geopolíticas existentes.
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La situación se alinea con varias de las dinámicas internacionales que están ocurriendo actualmente en el mundo y si el impulsor es Donald Trump, mucho más aún.
El clima de inversiones
Ciertamente, la jugada de renovar el tema Malvinas en la agenda pública, altera el status quo. El anuncio del Gobierno argentino de buscar sancionar a empresas extranjeras (como la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper) que desarrollan el proyecto petrolero Sea Lionen en las islas, sacude el tablero pero el país carece de herramientas diplomáticas para sostenerlo y ni hablar de inferir cualquier otra aventura que suena no solo descabellada, sino realmente delirante.
Por un lado, el Estado argentino tiene el mandato de defender sus recursos, pero por otro, esta medida entra en colisión con el perfil de una administración que busca desesperadamente atraer inversiones globales. Tensar la cuerda judicial espanta al capital y demuestra que, fuera de la vía diplomática a largo plazo, las medidas de acción directa son económicamente costosas y logísticamente casi imposibles.
El rol de Trump y la geopolítica real
Si bien Donald Trump deslizó recientemente que podría revisar la histórica posición de neutralidad de EE. UU. e incluso sugirió que podría intervenir para evitar un “desastre potencial”, la historia dicta otra cosa y si viene de Trump, más aún.
El Reino Unido es el aliado principal de Washington. Es altamente improbable que Estados Unidos ponga en riesgo esa alianza por un reclamo argentino. El interés de las potencias en el Atlántico Sur es transaccional y estratégico, ellos miran el control del paso bioceánico, los recursos energéticos y la proyección hacia la Antártida. De hecho, el fuerte interés estadounidense en la Base Naval de Ushuaia responde directamente a la necesidad de contener el avance de China en la región y asegurar su acceso antártico, no a un deseo de resolver la soberanía de Malvinas a favor de Argentina.
La respuesta británica
El hecho de que la retórica del gobierno haya provocado que un vocero británico afirmara que sus fuerzas armadas “están en alerta las 24 horas del día” demuestra lo rápido que se endurecen los canales diplomáticos. Desde Londres, el análisis fue lapidario pues el ministro de Defensa británico señaló que las declaraciones de Milei “nos dicen más sobre la política doméstica en Argentina que sobre las Islas Malvinas”.
Aquí es donde nos encontramos con el circo político y mediático que no pueden disimular. En momentos de complejidad económica como la que transita nuestro país, apelar a una causa que unifica a todos los argentinos no deja lugar a duda que la están utilizando como herramienta de cohesión interna. Sin embargo, sin una estrategia diplomática silenciosa y de fondo, se convierte en un movimiento emocional pero vacío de resultados efectivos.
Por lo tanto, en el tablero internacional, las jugadas que no están respaldadas por poder de presión real suelen ser inocuas. Los intereses permanentes (petróleo, Antártida y alianzas militares históricas) siempre van a pesar más que las afinidades ideológicas personales entre mandatarios.
Dicho esto, el gobierno nacional debería mensurar realmente el alcance del “apoyo” de Donald Trump, quien tiene anuncios grandilocuentes, como cuando extrajo a Maduro de Venezuela, pero luego se descubrió el verdadero objetivo de “tanta ayuda”, el petróleo y los negocios internacionales, no la dictadura que asola a los venezolanos.
Aquí pasa exactamente lo mismo. No nos podemos quedar con esta suerte de posición política de EEUU contra su socio histórico y creer que la Argentina recibirá todo el respaldo incondicional por el tema “Malvinas”. Habrá algunas manifestaciones y acompañamiento en relación a la presencia argentina y estadounidense en Tierra del Fuego, pero de ahí a constituir acciones disuasorias a Inglaterra para que se siente a negociar la soberanía argentina en las islas, es absolutamente impensable y sin embargo, todo este ruido internacional, especialmente con las empresas que invierten en el país, produce un efecto exactamente contrario al buscado por el presidente. (Agencia OPI Santa Cruz)