El ex contador de los Kirchner cerró su estudio y no consigue trabajo

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El contador de los Kirchner es detenido en Río Gallegos – Foto: OPI Santa Cruz/Francisco Muñoz

Según publica Clarín Víctor Manzanares es arrepentido en el caso de los Cuadernos y comparte dos causas por lavado con Cristina. Vive en Río Gallegos y aunque no es más testigo protegido, lo custodia Gendarmería.

Por: Lucía Salinas

En febrero de 2019, Víctor Manzanares declaró durante más de seis horas como arrepentido en la causa de los cuadernos de las coimas. El ex contador de la familia Kirchner integraba entonces el programa de testigos e imputados protegidos, pero luego se trasladó al sur y decidió salir de ese régimen. Es custodiado las 24 horas por Gendarmería, y pese a encontrarse en Río Gallegos no consigue trabajo y tuvo que cerrar su estudio contable. Sin expectativa de que inicie este año, aguarda por el comienzo del juicio que comparte con Cristina Kirchner y sus hijos.

La casa de dos plantas, ubicada en diagonal a la costanera de Río Gallegos, no pasa inadvertida. Es conocida e identificada fácilmente porque durante todo el día tiene apostada frente a la puerta una camioneta de Gendarmería Nacional. La fuerza federal es la responsable de la custodia de Manzanares, después de que su abogado Roberto Herrera denunció que la Policía Federal lejos de resguardarlo “lo espiaba”.

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Como una suerte de símbolo de aquello que marcó su carrera profesional, su vivienda se encuentra a pocas cuadras del chalet de Cristina Kirchner, cuya compra fue una de las tantas operaciones de las que él dio cuenta en cada declaración jurada y en la documentación de las empresas que se encuentran bajo investigación judicial por lavado de activos.

Su vida como imputado colaborador no es sencilla. Así y todo, está seguro del paso que dio en febrero de 2019, cuando ante el fiscal Carlos Stornelli declaró como arrepentido en el tramo del caso Cuadernos, que se ocupó de las maniobras de lavado de dinero encabezadas por Daniel Muñoz, ex secretario privado de Néstor Kirchner.

En su confesión habló de la riqueza de los Kirchner, de sus negocios hoteleros, de cómo hicieron crecer su fortuna, de las operaciones de lavado de dinero que ejecutó junto a Muñoz, responsable de trasladar dinero -sostiene la investigación- que provenía de coimas.

Después de obtener su libertad, Manzanares pidió ingresar al programa de protección de testigos e imputados que depende del Ministerio de Justicia, pero en mayo de 2019 se retiró del mismo porque quería volver a Santa Cruz para vivir junto a su familia. El programa no le ofrecía cobertura allí, y eligió mantener una custodia permanente.

Su estadía en Río Gallegos -de donde es oriundo y donde comenzó el vínculo con la familia Kirchner- tuvo un giro radical. Su estudio contable sobre la calle Alcorta, donde resguardaba las declaraciones juradas de los ex presidentes y que cuando la policía federal allanó encontró el detalle de los casi seis millones de dólares que tenía Florencia Kirchner, cerró definitivamente.

Era una antigua casa, de estilo patagónico que fue remodelada y utilizada por décadas como el estudio de Manzanares. Fue allí donde lo detuvieron por orden del juez Claudio Bonadio en julio de 2017. “Sólo quedaban algunos muebles y acumulaba humedad, el lugar estaba desmejorado”, contaron a Clarín desde su entorno. Manzanares retiró las últimas cosas que quedaban en aquella oficina y cerró sus puertas para siempre.

Si bien se muestra bien de ánimo, y entero, de a momentos el contador plantea que la Ley del Arrepentido no es una garantía de nada: ve que la causa de los Cuadernos no avanza, que pese a su aporte considera que la causa puede terminar en un limbo judicial. Así y todo, sostiene que haber confesado le proporcionó una “paz y tranquilidad” que necesitaba. De eso, no se arrepiente.

Pero los costos fueron altos. Víctor Manzanares, que toda la vida ejerció como contador, no volvió a conseguir trabajo desde que retornó a la capital santacruceña. Al comienzo colaboraba con su suegro, a quien le realizaba el trabajo contable de un campo. Pero eso sólo duró un tiempo.

Mientras, el ex contador de Cristina continúa con otro plan: estudiar historia, algo que considera que es una deuda pendiente para él y no descarta que termine siendo una nueva salida laboral.

Responsable de firmar año tras año las declaraciones juradas de los ex presidentes y las de sus hijos ante la AFIP, Manzanares restringió además su vida social. Sale cada vez menos y se lo ve esporádicamente en algunos pocos comercios, un aislamiento que se profundizó con la cuarentena del 2020.

Su gran ocupación en esta nueva etapa es ocuparse de sus hijos y de acompañarlos en la mayor cantidad de actividades posible. (Clarín)

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