(Por: Rubén Lasagno) – El proyecto del Programa Provincial de Desendeudamiento Familiar y Personal presentado en la legislatura por el intendente de Río Gallegos Pablo Grasso no puede analizarse fuera del tablero político de Santa Cruz y hace necesario confrontarlo con la realidad social que el gobierno provincial no atiende. Esto llevado al plano de la interna política es ganar terreno o tableros como el juego de la Oca.
Esta iniciativa se enmarca directamente en la disputa de poder y modelos de gestión entre Pablo Grasso y el gobernador Claudio Vidal. Grasso utiliza este proyecto para contrastar prioridades y mientras el gobierno de Vidal avanzó recientemente con un pedido de endeudamiento provincial por 600 millones de dólares y vetó el cobro de un 5% de regalías a nuevos proyectos mineros, el intendente plantea un “desendeudamiento” enfocado en las familias. En mi infancia esto se llamaba “madrugar al otro”.
El mensaje político de la oposición con esta jugada es claro “mientras el gobierno busca endeudar al Estado y eximir a las empresas, nosotros proponemos desahogar a los trabajadores”, infiere el mensaje de la oposición encarnada por Grasso.
A pesar de su evidente motivación estratégica y política, el proyecto pone sobre la mesa un problema genuino y urgente: el sobreendeudamiento ciudadano, del que nadie se está ocupando y muchos menos Javier Milei, quien sostiene que “quien se endeuda por un televisor”, debe hacerse cargo.
La caída del poder adquisitivo ha empujado a muchas familias de Santa Cruz a un espiral de toma de deuda para cubrir gastos corrientes, terminando atrapadas en intereses exorbitantes o sufriendo débitos bancarios que les consumen la totalidad del sueldo.
Una medida como ésta es necesaria porque ofrece una herramienta de protección concreta (no un subsidio ni una condonación mágica) dado que al establecer mecanismos lógicos de defensa, se devuelve la sustentabilidad a la economía de los hogares, un límite de intangibilidad del 30% para la retención del salario, una refinanciación con tasa fija máxima del 35% y al menos 24 cuotas y la figura del stop debit para frenar preventivamente descuentos compulsivos.

El objetivo del proyecto es garantizar que el trabajador pueda pagar lo que debe sin quedarse sin liquidez para comer o pagar los servicios básicos. En este sentido, es un hecho tangible que “alguien está haciendo algo” frente a la asfixia financiera de los empleados públicos y esto va en contra de la charlatanería barrial del gobierno y el Banco Santa Cruz que no resuelven los problemas de la gente.
Al enviar el proyecto a la Legislatura provincial, Grasso traslada la presión al terreno del Ejecutivo. El oficialismo provincial y los legisladores que responden a Vidal se encuentran ahora ante una encrucijada estratégica.
El Yin y el Yan
Si los diputados oficialistas lo rechazan o lo archivan, asumirán el alto costo político de negarle un alivio financiero a los trabajadores santacruceños endeudados. Grasso podrá capitalizar el rechazo argumentando que la gestión actual protege la rentabilidad del sector bancario por encima del bolsillo de la gente.
Si los diputados oficialistas lo aprueban, le estarían otorgando una victoria política enorme a su principal opositor, legitimando el diagnóstico de Grasso sobre la crisis y cediéndole la autoría de la solución.
Es probable que el oficialismo intente una tercera vía: introducir profundas modificaciones en el debate de comisiones para licuar la autoría de la oposición, o incluso presentar un proyecto paralelo impulsado por el propio Poder Ejecutivo. De cualquier forma, la presentación logró su cometido principal de instalar la problemática ciudadana en la agenda pública y obligó al gobierno a tener que pronunciarse y tomar acción frente a los ciudadanos asfixiados por las deudas.
Ahora resta ver si en realidad tanto Grasso como Vidal, tienen en su fueros íntimos la real necesidad de hacer algo por la gente o nada de esto pasa de ser una disputa política más inscripta en esta suerte de tire y afloje en la que ambos están, pero que se agota en sus superficiales discursos de campaña. (Agencia OPI Santa Cruz)