Elecciones en Brasil: Claves de un resultado sorpresivo y un balotaje cargado de exigencias

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Luiz Inacio Lula da Silva candidato a presidente de Brasil - Foto: NA

Según publica Clarín Las urnas construyeron la impresión de que en el país todo irá desde el centro a la derecha. Un desafío para Lula, camino a la segunda vuelta.

Por: Marcelo Cantelmi

Por encima de la idea evidente de un país dividido que marca en su totalidad la prensa aquí, Brasil parece haber votado este domingo casi con sutileza y enorme prevención, casi como marcando los términos de un contrato.

Le otorgó con su triunfo un voto de confianza a Lula da Silva, aunque limitado y mucho más estrecho de lo esperado. Fue una victoria apenas por puntos, sin nocaut.

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En la otra mano fortaleció a Jair Bolsonaro con una enorme cosecha de votos, pero no lo consagró. Un reproche a su impronta autoritaria y excluyente.

Exigencias de cara al balotaje

Como se lo quiera ver, hay claramente una gran exigencia detrás de los tonos de esta votación. El electorado impuso una lejana segunda vuelta este 30 de octubre. Un tránsito de un mes que implicará para ambos contendientes, pero en particular para el ex presidente que ha sido el ganador, demostrar con qué cambios y propuestas conquistará el amplio y decisorio electorado moderado de clase media.

Una señal, también para la región sobre por donde deberán enfilarse los liderazgos en esta etapa o, por el contrario, sucumbir.

No es claro de qué modo se moverá Bolsonaro en este duelo, menos si cree que ha sido reivindicado. Pero lo cierto es que estas urnas construyeron la impresión de que aquí todo irá desde el centro a la derecha.

El país parece dejar a un lado cualquier matiz de la antigua izquierda sobre la cual galopó en sus orígenes buena parte de la dirección del PT, con las banderas setentistas bastante apagadas en la versión pragmática local, pero que ahora están en reposo.

Por eso hay una parte de ese partido que está lejos de cualquier festejo pese al cinco por ciento importante que consagró a su líder y lo dejó a las puertas del gobierno.

Ese ala derrotada es la que no tendrá espacio en el futuro y que caracteriza que “Lula es una isla cercada en un océano de extrema derecha y de conservadurismo”, como escribió el analista Octavio Guedes en GloboNews, la cadena y portal que se ha tornado más petista en esta época.

Están ahí quienes olvidaron con demasiada velocidad que ese movimiento quedó prácticamente en coma después de la mala gestión política y económica de Dilma Rousseff, la última presidente de los gobiernos petistas.

En esos gobiernos estalló el escándalo de corrupción del Lava Jato que acabó acorralando al propio Lula llevándolo a la cárcel. La gente todavía le factura con insistencia esos fallidos al partido, por eso aquí el espejismo dialéctico del lawfare casi no aparece en los discursos. Es una cuestión de prudencia.

Si la estructura sobrevivió junto a su liderazgo inicial, es debido a los rechazos que se autogeneró Bolsonaro con su autoritarismo y discurso violento, abriendo necesariamente la búsqueda de una alternativa diferente y contenedora. Pero, como se ve, se lo ha hecho con pasos en punta de pie, habilitando el regreso del PT es cierto, aunque con enormes condiciones y un similar contrato de exigencias.

Eso se hizo evidente este domingo. Ya no habrá seguramente en la campaña ovaciones de “Dilma guerrera” que le destinaba, vindicatorio, ese sector a la ex mandataria.

Lejos de Argentina o Venezuela

La novedad de los resultados y lo que implica hacia adelante, entre tanto pegará de frente a quienes se han considerado en la región aliados y prebendarios de la nueva etapa de Lula. Aquellos que, como en Argentina, esperaban una transfusión de los éxitos del líder brasileño para exhibir su propia restauración.

Es muy probable, sostienen aquí analistas de distintos sectores de la prensa y observadores diplomáticos, que la campaña del PT se aleje ahora mucho más marcadamente de los modelos chavistas o del kirchnerismo, entre otros.

Desde el propio movimiento de Lula se señala que puede esperarse una multiplicación de las críticas a esos modelos que ya ha expresado el ex presidente como parte de su campaña y que parece ser en lo único que coincide con Bolsonaro. La condena mezclada con el asombro sobre los abismos construidos en esos dos países brinda votos aquí, también al PT.

En este sentido, en la actual circunstancia brasileña hay reminiscencias con la reciente experiencia vivida en Chile, en la votación que derribó la nueva Constitución y que marcó límites claros y al mismo tiempo demandas sobre el lugar que los electores pretenden para su país. Una enseñanza para el presidente Gabriel Boric, en muchos sentidos un joven Lula, obligado a mirar con cuidado sus pasos.

Esa búsqueda de un centro liberal, en la interpretación no contaminada del término, de defensa de las libertades individuales y del derecho evolutivo al progreso personal con equilibrios sociales, se está extendiendo como consecuencia, entre otros factores, de las crisis económicas que modelan a los tumbos a la política.

En particular frente al fracaso caótico de los experimentos populistas, carentes de capitales para sostener la noción de una expansión permanente. De ahí la aparición de la bandera de la corrección económica y del equilibrio fiscal, que como ya ha señalado esta columna, Lula hace rato que la levanta frente a la mirada sorprendida de los viejos militantes. El pragmatismo manda mucho más que antes. (Clarín)

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