El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anticipó desde su residencia en Mar-a-Lago la ejecución inminente de operaciones terrestres destinadas a combatir las redes de narcotráfico vinculadas a Venezuela. Durante un discurso dirigido a la Séptima Ala de Bombardeo de la Fuerza Aérea con motivo de Acción de Gracias, el mandatario confirmó un cambio estratégico en las labores de interdicción, señalando que si bien actualmente el 85% de las incautaciones se realizan por vía marítima, las acciones por tierra comenzarán muy pronto al considerarse una vía más sencilla para neutralizar estas actividades ilícitas.
La estrategia militar norteamericana en el Caribe registra su mayor despliegue en más de tres décadas con la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford a la región, consolidando un cerco operativo que ya ha tenido consecuencias letales. Según datos del Pentágono, desde principios de septiembre se han ejecutado más de 20 ataques contra presuntos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico Oriental, resultando en más de 80 muertes en el extranjero. Este refuerzo bélico coincide con la reciente designación por parte de Washington del Cártel de los Soles como organización terrorista extranjera, grupo que la administración Trump vincula directamente al liderazgo de Nicolás Maduro.
Paralelamente al refuerzo bélico, el jefe de Estado norteamericano no descartó la posibilidad de mantener conversaciones diplomáticas con Nicolás Maduro, sugiriendo que aún existe un margen para la negociación política en medio de la escalada de tensión. Esta dualidad en la política exterior estadounidense se presenta en un contexto donde las fuerzas armadas han sido felicitadas explícitamente por su labor de disuasión contra los narcotraficantes venezolanos, evidenciando una presión simultánea en los frentes militar y diplomático.
Desde Caracas, la respuesta oficial niega categóricamente la existencia del Cártel de los Soles y califica la designación de terrorista como una vil mentira fabricada por la Casa Blanca. Nicolás Maduro rechazó cualquier vínculo con el tráfico de drogas y acusó a Estados Unidos de inventar un escenario bélico con el único propósito de forzar un cambio de régimen en el país sudamericano, desestimando así los argumentos de seguridad nacional esgrimidos por la administración republicana para justificar su presencia militar en la zona. (Agencia OPI Santa Cruz)