En un contexto de absoluto silencio por parte del Gobierno Nacional, una aeronave perteneciente al Departamento de Defensa de los Estados Unidos aterrizó en las últimas horas en el Aeropuerto Internacional de Ushuaia. El arribo se produce en una semana crítica, marcada por la reciente intervención del Puerto de Ushuaia dispuesta por la administración central.
Se trata de un Boeing B-737 C-40 Clipper, unidad utilizada habitualmente para el traslado de altos mandos del Pentágono, miembros del Departamento de Estado o cúpulas militares. La aeronave, que opera desde la Base Andrews (célebre por ser el hogar del Air Force One), utilizó el código de llamada RCH (Reach), distintivo del Comando de Movilidad Aérea de los EE. UU.
Silencio en Casa Rosada y el Ministerio de Defensa
Pese a que la aeronave permaneció 48 horas en Buenos Aires antes de saltar a la capital fueguina, no existe hasta el momento un comunicado oficial que explique la hoja de ruta. La falta de transparencia sobre la identidad de los pasajeros y el propósito de la misión alimenta las especulaciones en una provincia donde la sensibilidad por la soberanía y el control de los pasos bioceánicos es máxima.
Fuentes de control de tráfico aéreo confirmaron que el vuelo no es un hecho aislado: se detectaron al menos dos vuelos privados adicionales provenientes de San Fernando con destino a la capital fueguina, cuyos detalles también permanecen bajo reserva.
El Puerto de Ushuaia: El objetivo estratégico
La llegada de este avión de logística militar coincide con la intervención federal del Puerto de Ushuaia, nodo clave para la logística antártica y el turismo internacional. Según la normativa vigente, la gestión de Gustavo Melella no tiene facultades para autorizar o vetar estos arribos, quedando la responsabilidad exclusivamente en manos de las autoridades nacionales.
La memoria local vincula este movimiento con la última visita de similares características: la llegada del exjefe del Comando Sur, el almirante Alvin Holsey. En la actual coyuntura, la presencia de Washington en el “Fin del Mundo” sugiere un interés renovado por el control del Atlántico Sur y la proyección hacia la Antártida, justo cuando la infraestructura portuaria local entra en una fase de reconfiguración política. (Agencia OPI Santa Cruz)