(Por: Rubén Lasagno) – El Intendente de Río Gallegos Pablo Grasso dado que gasta tantos fondos en la estructura administrativa y burocrática del municipio, superpoblado de agentes, funcionarios, asesores, departamentos, jefaturas, direcciones, jefes etc, debería abrir algunas becas para que los de la secretaria de “Turismo” hagan un curso acelerado sobre historia de la ciudad.
La observación tiene origen en un hecho inédito ocurrido hace pocos días en Río Gallegos donde el municipio puso una referencia histórica en la vereda del cementerio local sobre la calle Beccar y cuando personal municipal estaba terminado de ajustar a un bastidor metálico un cartel de chapa pintada de azul con letras blancas junto y las imágenes de dos aborígenes de la zona cuya referencia indicaba quiénes eran y que estaban enterrados en el cementerio municipal, alguien alcanzó a leer los errores históricos garrafales que habían cometido e inmediatamente ordenaron sacar la cartelería de allí; pero OPI Santa Cruz ya había capturado las imágenes y aquí vamos a revelar el error cultural imperdonable que cometió el intendente Pablo Grasso y su gente que en calle Beccar acaba de enterrar la cultura de la ciudad, a través de los funcionarios incompetentes que tiene en su gestión “G”, como al intendente le gusta resaltar en cada lugar donde hace o construye algo.
Buen intento, mala información
El día 28 de agosto 2026 (hace 8 días atrás), personal de la municipalidad de Río Gallegos se encontraba terminando de fijar una nueva referencia histórica de la ciudad en la vereda de cementerio municipal de la ciudad y cuando la cartelería ya estaba fijada en un marco metálico con el logo de la Dirección de Turismo de la comuna, pudimos observar que los datos que estaban planteados allí de manera sintética y de rápida lectura, no coincidían con el conocimiento que tenemos de los hechos ocurridos en 1921 y personas que allí se mencionaban y mostraban como aborígenes sepultados en el lugar, tampoco eran coincidentes con nuestro escaso conocimiento de la historia.
Ante la duda que nos invadió, porque nos parecía increíble que se estuviera plasmando un error cultural de ese tipo nada menos que en una referencia histórica, corrimos a la biblioteca virtual de datos ciertos y relevantes que abundan sobre la ciudad capital y que indudablemente la municipalidad desconoce.
El texto estampado en la chapa de la referencia histórica y tal como puede observarse en las fotos que alcanzamos a tomar antes que el propio municipio hiciera desaparecer la referencia defectuosa y dejara el bastidor vacío, informaban en letras en mayúsculas, lo siguiente:
“NUESTRA CIUDAD CONTABA A PRINCIPIOS DE 1900 CON DOS CEMENTERIOS UBICADOS EN ZONAS MUY DISTANTES. CON EL CORRER DEL TIEMPO FUERON CERRADOS Y TRASLADADOS A ESTE, HABILITADO EN LA DECADA DE LOS 20. AQUI DESCANSAN LOS RESTOS DE LOS CAIDOS EN LA HUELGA DEL 21. VARIOS TEHUELCHES Y DE LOS FORJADORES DE NUESTRA HISTORIA PARTICIPES DE LAS ESPERANZAS LIGADAS AL PROCESO DE ESTE LUGAR“
CAPIPE
“NACIÓ EN EL PARAJE CAMUSU-AIKE. ERA HIJO DE UN CACIQUE TEHUELCHE; SU SEPULTURA ESTA CUBIERTA DE PIEDRAS DEPOSITADAS POR LA CREENCIA DE LAS CULTURAS INDIGENAS QUE LE CONFERIAN A TAL ELEMENTO PODERES OCULTOS Y CUALIDADES MAGICAS”.
COPACHO
“FUE UN TEHUELCHE QUE POSEIA TODAS LAS VIRTUDES PROPIAS DE SU RAZA, SUFRIDO Y ENDURECIDO POR UNA VIDA DIFICIL. DESDE PRINCIPIOS DEL 20 Y HASTA SU FALLECIMIENTO, DOS DECADAS DESPUES VIVIO EN EL PARAJE “LAS HORQUETAS”.
Independientemente de creer que el municipio debe tener algún (seguramente) algún docente que sepa que las mayúsculas van acentuadas y no lo digo yo, lo establece la Real Academia, cuánto más esa regla debe respetarse en una cartelería donde hay poco texto y debe lucir impoluta ante la vista del público, porque de alguna manera es una proyección del propio municipio; acá sin duda faltó el repaso ortográfico al texto porque la palabra “DÉCADA” va acentuada y también “AQUÍ”, “CAÍDOS”, “PARTÍCIPES”; NACIÓ”, “ESTÁ (cuando el verbo indica un estado), “INDÍGENA”, etc.
Fuera de esta observación de forma, el verdadero problema es el de fondo. Empecemos.
“AQUI DESCANSAN LOS RESTOS DE LOS CAIDOS EN LA HUELGA DEL 21” señala la reseña histórica lo cual es falso.
De acuerdo con los documentos históricos, investigaciones antropológicas y el trabajo de Osvaldo Bayer en su obra La Patagonia Rebelde, los huelguistas fusilados no están sepultados en el cementerio de Río Gallegos sino en los campos y estancias de la provincia.
Entre 1921 y 1922 fueron masacrados unos 1.500 obreros en los campos de la provincia y el Ejército no trasladaba a las víctimas a la capital. Cuando ocurrían los fusilamientos, los obreros rurales eran obligados a cavar sus propias fosas comunes en los mismos predios de las estancias donde se encontraban (como ocurrió en la estancia La Anita, en Jaramillo y en San José, entre otras).
Los registros y testimonios de la época indican que muchos de los cuerpos ni siquiera fueron enterrados adecuadamente. Debido a la dureza del suelo pedregoso, muchos de ellos quedaron semienterrados en la superficie o completamente abandonados a la intemperie, quedando expuestos al clima patagónico y a la alteración natural y en algunos casos fueron quemados.
Aunque el cementerio de nuestra ciudad aloja los restos de algunos individuos específicos vinculados indirectamente a aquellos hechos, los cientos de fusilados que componen el grueso de las víctimas de la Huelga del 21 permanecen diseminados en fosas comunes rurales a lo largo del interior de la provincia de Santa Cruz
Los casos muy contados y puntuales de personas cuyos restos lograron ser rescatados del campo que están documentados incluyen a Zacarías Gracián un protagonista secundario de las huelgas cuyos restos fueron buscados tras una asamblea convocada por el líder anarquista Antonio “Gallego” Soto. El cuerpo de Zacarías fue recuperado, velado en la Sociedad Obrera y habría sido enterrado en el cementerio local donde también sepultaron a José “el turco” Nasif que no era un obrero huelguista y murió asesinado en una pelea que nada tenía que ver con la causa de los huelguistas.
El peor error
Si lo anterior sobre la sepultura de huelguistas del 21 en el cementerio, es un hecho que marca un error importante, lo que viene es insalvable, incomprensible, inadmisible y altamente criticable porque no existe ninguna explicación plausible que el municipio pueda dar para justificar una barbaridad como la que mostraba el cartel original de la referencia histórica sobre los aborígenes citados, que se apresuraron en retirar de la vía pública.

En el cartel hacen mención a dos tehuelches que (según el municipio) estarían sepultados en el cementerio de Río Gallegos. Y exponen una breve reseña de Capipe y Copacho.
El problema es que las imágenes impresas con sus respectivos nombres al pie, no se corresponden con esos aborígenes allí mencionados.
El que el municipio identifica como “Capipe”, se trata en realidad del cacique “Copacho” y el aborigen indicado en el cartel como “Copacho”, en realidad es el tehuelche “Mulato”.
El verdadero Capipe fue un viejo tehuelche que aparece en otras de las fotos sentado usando gorra y nada tiene que ver con la indicada en el cartel.
Para ilustrar lo que decimos, aquí publicamos las fotos histórica de los tres aborígenes y el lector solo tiene que compararlas con los que aparecen en la foto del cartel.

¿Quién fue cada uno?
Al igual que ocurre con Capipe, quien murió en Río Gallegos el 18 de julio de 1953 y sus restos si fueron sepultados en el cementerio de Río Gallegos, a la figura de Copacho se le suele atribuir erróneamente el título de “cacique” en el imaginario popular, cuando en realidad fue un histórico poblador tehuelche (aonikenk) que vivió y trabajó en la región y no era un jefe tribal. No existe un registro histórico o geográfico preciso y difundido sobre el lugar exacto donde fue sepultado Copacho.
Mulato fue el único cacique. Su nombre nativo era Chümjaluwun (o Chumjaluwün) y es reconocido históricamente como el último gran jefe o cacique de los tehuelches (etnia Aónikenk) en la Patagonia austral. Originario de Chile (Punta Arenas) a partir de 1892 se radicó en el río Zurdo (Chile). Se contagió de viruela en un viaje a Santiago y murió en 1905 en la Reserva El Zurdo (Punta Arenas) donde fue sepultado. (Agencia OPI Santa Cruz)