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El narcoterrorismo se combate con las armas, la inteligencia, la justicia y el intelecto, pero especialmente, con herramientas de Inteligencia Financiera que ataquen las cajas

(Por: Rubén Lasagno) – Es tan grande, vasto y complicado combatir el delito del narcotráfico, como querer separar el agua dulce del agua salada en un mismo recipiente. Las ramificaciones que tienden los narcos en un país, lo cubre todo; desde gobiernos, política, policía, FFSS, FFAA, empresarios y una parte de la población que suele quedar rehén de falsas apariencias de entes o personas solidarias, que solo buscan captar voluntades constituyendo una especie de “populismo del crimen”, sustituyendo al Estado donde este se ausenta: les resuelven problemas básicos a poblados pobres, para cooptar su silencio o transformar a los chicos en soldaditos desechables de las mafias constituidas.

El narcotráfico funda sus cimientes y crece como una enredadera que todo lo cubre de a poco y con paciencia, cooptando ejércitos en la pobreza y  tentando a los gobiernos corruptos que la administran. Las políticas populistas suelen ser la herramienta más eficaz para propagar el narcotráfico y sin duda los narcos controlan y aportan fondos a campañas políticas de las cuales tenemos denuncias y pruebas, pero la justicia, un eslabón tan débil como la pobreza misma, suele estar profundamente parasitada y subsumida por los narcos, quienes obran a la sombra de jueces y fiscales que solo basta con investigar sus vidas privadas y familias, para saber que no tiene forma de justificar sus patrimonios.

Es por ello que el combate en las calles, la seguridad ciudadana con la presencia policial o militar, es importante pero insuficiente. En la calle se cierran cuestiones que detonan por una sucesiva cadena de acontecimientos previos como son las guerras entre bandas o mafias que pueden dirimir luchas por traiciones o territorios y eventualmente puede haber “daños colaterales” donde algún inocente pierde la vida, pero cuando esa guerra comienza a afectar a los ciudadanos comunes de manera directa y sin explicación lógica, personas que no están implicados en la venta o comercialización de estupefacientes y mueren niños, ancianos, maestros o un simple empleado de comercio, como sucedió con el playero en la ciudad de Rosario donde aparece un hijo de puta que le dispara a quemarropa, estamos ante otra cosa, ante otro paradigma que es el ánimo de infundir terror en la sociedad y esto tiene una sola calificación: narcoterrorismo.

Ojalá el gobierno mande una ley que le permita habilitar los medios necesarios y suficientes para combatir este flagelo, porque eso, dentro del marco de una emergencia de seguridad, lo habilitaría para ir contra todos y contra todo, talando de raíz desde el crimen organizado que actúa en la vía pública, hasta desbaratar los nichos de corrupción financiera, lavado de dinero e inversiones sorprendentes que hacen políticos, empresarios, banqueros, financistas y todo tipo de ladrones de guantes blancos que creen tener las manos limpias, solo por manejar dinero, pero están tan ensangrentadas como las del sicario que aprieta un gatillo sobre la cabeza de un inocente en la esquina de cualquier barrio.

La iniciativa de anular los privilegios en las cárceles, fue un gran paso en esta lucha, porque el kirchnerismo había transformado los lugares de detención en oficinas de culto narco; desde allí atendían los negocios sucios y el crimen organizado copó la parada en los mayores centros urbanos del país y las cárceles se transformaron en aguantaderos, comunicando las 24 horas, los siete días de la semana a los jefes con las bandas que afuera cumplían las órdenes de matar, robar, traficar y pagar a funcionarios policiales, políticos, jueces y una fauna de cómplices que durante los 16 años de gobierno K, fundaron en la Argentina un tristemente “floreciente narco-Estado”, en el cual transformaron al país y sin embargo, muy pocos o ninguno de ellos está preso por complicidad en este grave delito.

Nada será posible sin una Inteligencia criminal acorde, una infraestructura logística importante y básicamente dos partes que son el fundamento de esta guerra: una acción coordinada entre los servicios de Inteligencia de todas las FFSS y FFAA, coordinadas por un organismo supra estatal como puede ser la AFI, si la ponen a hacer su trabajo y no a conformar carpetazos a opositores políticos y una actividad coordinada y de entrelazamiento de datos entre la UFI y la AFIP, entre otros organismo que puedan seguir el origen del patrimonio  y las “inversiones” de personas públicas y privadas, empresas armadas para delinquir y por ende realizar el seguimiento de las fortunas de “nuevos ricos” que en la última década afloraron como hongos, radicándose en country, comprando campos, estancias, entrando y saliendo del país ciento de veces y viviendo en el lujo y la ostentación, en la Argentina que se ha transformado en el paraíso narco, que sueñan los delincuentes que buscan seguridad para sus familias y una sociedad que vive apática a este flagelo y sufre las consecuencias en carne propia.

Hasta ahora era obvio que “era problema de ellos”, en la interpretación sesgada de los gobierno K que pretendían, como Aníbal Fernández, circunscribir los crímenes, como un ajuste de cuenta entre bandas. Nunca lo fue, siempre ha sido y es un problema de todos. Ahora lo tenemos en el corazón de cada barrio, cada ciudad y del país; enraizados en una sociedad que no tiene reacción ni medios para reaccionar debidamente y si el Estado tiene decidido comenzar ya a cortar la narcocriminalidad, no puede ser leve en sus acciones; debe ir a fondo, con todo y contra todos los culpables y sus cómplices, sea quien sea y estén donde estén. 

Es la única manera que podamos recuperar la dignidad como argentinos y la seguridad como país. Cualquier cosa que se haga a medias, será inconducente y peligroso. Colombia y México son los ejemplos más claro (aunque hay muchos más) de lo que puede resultar un narco-estado, convertido por la complicidad de gobiernos, la justicia y las Fuerzas Armadas y de Seguridad con el crimen organizado que ha impregnado hasta sus cimientos institucionales y regado de muerte a ambos pueblos.

En algún momento, como pasa hoy en la argentina, México vivió los asesinatos a mansalva de inocentes en Acapulco, donde Las Maras pretendían que la sociedad se aterrorizada sembrando las calles de cuerpos decapitados de turistas y trabajadores, tirados en la vía pública, como mensaje terrorista por las acciones emprendidas contra ellos por parte del gobierno de ese país. 

Hay que ver y aprender de los ejemplos de otros. Argentina está a tiempo, si este gobierno trabaja seriamente en ese sentido y busca, encarcela o combate palmo a palmo, no solo al sicario y al que vende al menudeo, a quienes debe encarcelar sin opción de salida, sino quienes financian el negocio del crimen, desbarata las múltiples rutas de la droga por donde sale y entra en las fronteras colador de la Argentina, derriba aviones, combate y destruye los nichos de corrupción dentro del propio Estado y endurece leyes necesarias para luchar seriamente por la erradicación del flagelo y no hacer una mímica aparatosa de un combate que no se da solos en las imágenes de televisión, para una sociedad que vive con miedo y comienza a perder la esperanza de que algún día sus hijos podrán vivir en el país que muchos soñamos y que nos han robado por tanto tiempo en el cual, los propios delincuentes, lo condujeron y modelaron a las necesidades de sus propios crímenes. (Agencia OPI Santa Cruz)

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7 COMENTARIOS

  1. El único punto en contra de la nota, que por otra parte esta excelente, que no trata el como se combate directamente; esto es, cuando todas las Instituciones de la Nación, Provinciales y Municipales, estan cruzadas por la Droga y su Dinero, cual sería la Estrategia y Tácticas para atacarla. Pero por pura lógica, no sería bueno dar a conocer los planes antes y durante el inicio de las acciones. Pero dudo mucho que las acciones se lleven a cabo. Poderoso caballero es Don Dinero.

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