No es casualidad que la Iglesia católica pierda aceleradamente adeptos en nuestro país. La gente rechaza la utilización partidaria de la sotana y los altares para generar caos

(Por: Rubén Lasagno) – Juan Domingo Perón, fue quien asomó como el representante de la ultraderecha en latinoamérica y puntualmente en la Argentina, aquel 16 de junio de 1955, quedó demostrado su furia contra el clero, cuando desde un local del partido Peronista salieron a quemar iglesias, una práctica que con la quema de libros, representa la simbología fascista más elocuente en cualquier parte del mundo.

La relación de la Iglesia con el peronismo tuvo vaivenes, pero cuando llegó el kirchnerismo se produjo un hecho raro y grave: a pesar de que Hebbe de Bonafini y su plaga le cagaban en el altar a Bergolio, durante la toma de la Catedral en el año 2008; el cura transformado en Papa, arrugó la nariz con Macri, la arrugó con MIlei, pero le abrió los brazos a Hebbe, se solidarizó con Milagro que hizo desaparecer 1.000 millones de pesos en Jujuy y aduló a Cristina, la condenada por corrupción, lider del movimiento político más atroz de la Argentina, que junto a Néstor lo denostaban como Arzobispo y le ninguneaban el Tedeum y recibió uno a uno los ladrones de la patria que desfilaron por el Vaticano en todos estos años, incluyendo Amado Boudou, en busca de la foto con el pontífice, como si con esa imagen lavaran sus delitos. 

Y ahora (una vez más) que el kirchnerismo no está en el poder, emerge desde la Iglesia, una corriente de protesta generalizada y avalada desde el Vaticano por el Papa, quien no dudó en fotografiarse con banderas reivindicatorias de las empresas a privatizar por el actual gobierno y bajar líneas a los denominados “curas villeros”, manejados por su amigo Grabois, muchos de los cuales está probado que no son curas y han iniciado una movida eclesiástica que va desde declaraciones en contra del gobierno democráticamente elegido por los argentinos (nos guste o no), pasando por la habilitación de la Catedral como un comedor comunitario, recreando la “Mesa del hambre” de Tinelli y Karr en el 2019 para bajar a Macri, hasta el cantito destituyente en alguna iglesia del conurbano, transformada en Unidad Básica.

A nadie le gusta

Todo esto, la gente creyente lo desprecia y el único que trató de desmarcarse fue García Cuerva, quien salió al ruedo “a retar” a los curas quienes usando la misa entonaron cantos partidarios como si se tratara de la CGT peronista y a plena sotana repetían “La patria no se vende”, aunque tal vez necesitaban completar la frase con una segunda estrofa “se entrega y se roba, como hicimos muchos de nosotros durante 16 años”.

No es casual que la gente, aún perteneciendo a la feligresía católica, haya decrecido enormemente en el país y gran parte de ella sea “creyente pero no practicante”, por cuanto durante muchos años la iglesia usó a “sus pastores” para hacer política populista, sin desmerecer, obviamente, a curas que como el recordado Padre Juan en Río Gallegos, llevó adelante una tarea encomiable en favor de los que menos tienen.

Sin embargo, la iglesia como institución debe tener presente que su representación universal y la concurrencia variopinta que conforma su feligresía, debe mantenerla lo más acética posible y lejos de la política partidaria, pero (siempre) recurriendo a la crítica honesta y contundente, cuando desde el poder no se da respuesta clara a las necesidades de la sociedad o cuando se cometen injusticias, haciendo uso y abuso de ese poder conferido.

En cambio, si esa crítica es selectiva, como en este caso donde este mismo grupo de sacerdotes hizo silencio de radio durante los últimos 4 años de Alberto Fernández donde la pobreza trepó al 48% y la inflación a 1.500%, queda absolutamente desmerecida la protesta y muy claro que carecen de autoridad moral para elevan la voz en esta oportunidad, no porque estemos mejor, sino porque es una manifestación político-partidaria, detrás de la cual, sin duda, hay intereses cruzados que normalmente se corresponden con fondos públicos.

No podemos ser inocentes y pretender que los curas carezcan de simpatías políticas; son seres humanos con las mismas pasiones que todos, pero su investidura los debe tener como críticos permanentes de quienes nos gobiernen, independientemente de la camiseta que luzca y no ser condescendientes con unos y elocuentes con otros y menos aún, usar las iglesias, los altares y las sotanas, para defender a ladrones y corruptos que jamás osaron criticar ni denunciar a pesar de las atrocidades que les vieron realizar durante tantos años, sin levantar la voz y acallando conciencias, una contradicción en si misma que los pone en un mismo pie de igualdad con el kirchnerismo que habla de los pobres, no porque los defienda, sino porque los multiplica para subsistir del asistencialismo que les prodiga.

La iglesia debería ser empática no simpática; debería ayudar en la pobreza no ayudar para la pobreza y promover con el ejemplo, lo que muchos curas ponen en palabras, pero obvian en la práctica.

José Saramago escribió “El reino de los cielos está en el Vaticano, donde el Clero vive en el lujo extremo gracias a las ofrendas de todos los feligreses del mundo”. (Agencia OPI Santa Cruz)

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12 COMENTARIOS

  1. Coinncido 100% mi vieja me llevaba a la iglesia, de grande ni cerca paso me dan asco los curas pedofilos chorros y alcahuetes de la politica

  2. El episcopado ha destruido la fe porque la gente no tiene mas fe en el hombre y en esoi los curas han colaborado mucho por eso Peron tenia razon de quemarlos juntos con la iglesia

  3. El título de la nota puede hacer que la reflexión nos lleve a pensar, que si bien la iglesia la forman todos aquellos que en el mundo profesan la fe en un Dios único y verdadero, en la que el sacerdote desde el púlpito pronuncia las palabras del Señor y nos recuerda el misterio de esa fe, también es cierto que se percibe en la actualidad de parte de aquellos que deberían considerarse sus fieles, una falta de respeto y rechazo ante lo sagrado, al punto de poder concluir diciendo que es cierto que las personas han dejado o están dejando de concurrir a los templos católicos, dejando de esta forma en último lugar el cuidado de su espiritualidad, tal actitud, muestran poco a poco una pérdida de fe, sin pensar que el mismo Cristo decía: “sin Mí, nade podéis hacer”.
    La política, se podría decir que es relativa al mundo terrenal del hombre, y para ordenar la sociedad en paz cuidando a todos aquellos ciudadanos bajo sus leyes y normas, se requieren dirigentes que las respeten, algo que al parecer no existe en este tiempo, ( hay muy pocos en realidad) y esto se observa en todos los ámbitos de la vida social, mientras que el poder que hoy parece que es lo que todos buscan y que estamos sufriendo, está incendiado por el mismo demonio.
    Cabe también la respuesta del mismo Cristo a los que buscaban algo para acusarlo, y creo que también para se podría utilizar aquí: “Da al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.
    ¡¿ Podríamos decir?: en el Congreso la política, y en el Templo la palabra de Dios. Esto se me ocurre pensar al leer la nota.

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