“Si ser rebelde significa decir lo que se piensa y manifestar el disenso democráticamente cuando no se está de acuerdo, entonces lo soy. Si plantear, por ejemplo, que el ministro Camilión debe renunciar, o plantear que un senador no puede ingresar al Senado con un videopliego -por Ramón Saadi-, entonces soy rebelde”. Esto lo dijo Cristina Fernández cuando en 1995 la actual presidenta se opuso fervientemente a que Saadi ingresara al Congreso.
Se calcula que en las últimas horas al menos cinco veces Cristina lo llamó por teléfono e innumerables veces lo hizo Kirchner.
Si, señor. Ahora Saadi es bueno y Cristina ya no es más rebelde
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