El costo real de la maniobra financiera para cancelar vencimientos con el Fondo Monetario

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El ministro de Economía, Luis Caputo, tuvo que salir a dar explicaciones técnicas para intentar desactivar las versiones de un nuevo auxilio financiero por parte de los Estados Unidos. Según el funcionario, la acreditación de USD 808 millones en las cuentas nacionales no es un préstamo ni una dádiva, sino una simple compra de activos para enfrentar los compromisos con el FMI.

El país está simplemente pagando los intereses al Fondo. Esos intereses se pagan en DEGs (Derechos Especiales de Giro)“, afirmó el titular del Palacio de Hacienda. Sin embargo, detrás de la narrativa de “operación común“, se esconde la necesidad imperiosa del Ejecutivo de no tocar los escasos billetes físicos que integran las reservas brutas del Banco Central.

Una triangulación de divisas para evitar el drenaje de dólares

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La ingeniería financiera consistió en la transferencia de activos de reserva internacional desde el Tesoro estadounidense hacia las cuentas argentinas. A cambio, el país debió entregar monedas convertibles por un valor equivalente a los USD 808 millones. Pese a que Luis Caputo insiste en que se trata de una transacción a precio de mercado, la maniobra evidencia que Argentina no cuenta con la liquidez propia necesaria en la moneda del organismo para cancelar sus obligaciones.

El mecanismo permite al Gobierno cumplir con el cronograma del FMI sin que la foto de las reservas líquidas muestre un desplome inmediato de dólares billete. Argentina le compra los DEGs a Estados Unidos porque el Tesoro de ese país actúa como vendedor frecuente de este activo, que funciona como la moneda interna del Fondo Monetario.

El cierre de esta operación se da en un contexto de extrema fragilidad cambiaria, donde cada vencimiento de deuda externa obliga al equipo económico a recurrir a parches técnicos y “swaps” de activos para mantener la contabilidad pública a flote. Por ahora, el pago de intereses está cubierto, pero la dependencia de la voluntad vendedora de Washington sigue siendo el respirador artificial de las metas fiscales. (Agencia OPI Santa Cruz)

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