El intendente Grasso, el lazo y el vacío: anatomía de un fracaso comunicacional y de gestión

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(Por: Rubén Lasagno) – No me pude resistir a analizar esta apostilla política de un valor histórico genuinamente incalculable para la posteridad (y un poco más acá también) porque en el 2027, cuando Pablo Grasso salga a pedir el voto, le vamos a recordar lo que ha dicho y hecho hace muchos años; pero esto que ponemos en debate hoy, es una pieza de colección sobre “lo que no debe ni puede hacer un político” si es que tiene alguna proyección política a futuro.

Calificar visualmente a un dirigente como Grasso que aspira a la gobernación, pero exhibe semejante orfandad de ideas y anomia discursiva, cuyo relato es un galimatías y la gestualidad es de pura improvisación, se nos hace difícil porque el personaje que muestra el video, es inimputable, ridículo.

La oratoria y la persona del intendente Pablo Grasso en este video que corre por los medios y las redes, padece de varios problemas de comunicación especialmente anclados en la incapacidad física e intelectual que muestra, para unir las partes de un discurso (premisa, desarrollo, conclusión) de manera lógica, lo que en comunicación se denomina “mensaje inarticulado”. Nada más inarticulado que estos 54 segundos de expresión pública de quien, dice, va a ser candidato a la gobernación; es decir, pretende representar a los santacruceños por cuatro años.

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Su forma balbuceante de hablar, la falta de fluidez, el tropiezo constante con la sintaxis y el uso excesivo de muletillas (“digamos”, “poquitito”) para ganar tiempo frente a la falta de ideas, torna al mensaje y al personaje, patético.

En oratoria quien habla de manera disparatada e incongruente como se lo ve hacer al intendente en 54 segundos lapidarios para cualquier político, enredándose en sus propias palabras sin decir nada sustancial, como es el caso de Pablo Grasso en esta extrañísima iniciativa de enlazar guanacos que más adelante analizaremos, le dan el nombre de “Cantiflesco”, en obvia referencia al cómico mexicano de los años 50. Todo en su conjunto describe a un funcionario político cuya forma de hablar evidencia una profunda lejanía con la lectura, el estudio y la cultura general.

La idea (además de insólita) mal explicada

Lo que la gente necesita escuchar de un representante político es un diagnóstico basado en la realidad, medidas concretas con viabilidad técnica y una comunicación que respete el intelecto del ciudadano. Este video transmite la idea de un Estado municipal improvisado, administrado desde la ocurrencia y comunicando con torpeza.

Hoy cada declaración es grabada, descontextualizada, analizada y contrastada casi en tiempo real. Y a los políticos en general y de Santa Cruz en particular el miedo al error no forzado, el “furcio” que en un mundo ordenado puede destruir una carrera en cuestión de horas (no es el caso de nuestra provincia) ha generado una clase política aterrorizada por la espontaneidad y el caso de Pablo Grasso o de las recientes declaraciones del Secretario de Seguridad Pedro Prodomos, son la prueba concluyente de lo que digo.

Por eso el gobernador y los intendentes prefieren leer discursos redactados por terceros o repetir el “casete” con lugares comunes antes que arriesgarse a pensar en voz alta. Lo de Grasso y Prodomos es la antítesis del discurso.

Pablo Grasso dijo que impulsará un curso para enseñar cómo enlazar guanacos y el absurdo en el que incurre el intendente en su oratoria improvisada, no nace de la nada, sino del intento desesperado por ocultar el costo político o la incomodidad moral de hablar de “matar” o “faenar” a un animal autóctono. Al intentar borrar el matadero del relato, Grasso construye un puente imaginario y ridículo entre un lazo en la estepa y un plato de comida en Turquía. El enfoque más letal del mensaje de Grasso es contrastar ese esfuerzo del intendente por evadir la realidad práctica (capturar, matar, faenar el guanaco) con las exigencias del mercado que él mismo invoca; en síntesis quiere los beneficios económicos de la industria frigorífica (exportar carne y exponerlo como un logro o un proyecto a futuro), pero le aterra usar el vocabulario del sector (faena, sacrificio, desposte).

En su intento por no sonar cruel o políticamente incorrecto frente a los defensores de los animales, Pablo Grasso termina inventando una especie de “comedia costumbristadonde los guanacos son amablemente enlazados y en esa tarea de “captura” él proveerá un curso para jóvenes.

Entre “gauchada” y política de Estado

El mensaje del intendente Grasso degrada la investidura municipal ya que está proponiendo soluciones dignas de un pasatiempo rural del siglo XIX (“cursos para agarrar guanacos“) para abordar un tema de comercio exterior y marca un contraste entre la rusticidad del método propuesto y la complejidad de la habilitación internacional que menciona en el video adecuada a los tiempos actuales, lo cual debe pasar por complicados trámites de orden sanitario, de producción y transporte.

La torpeza visual y verbal de Grasso, en realidad, es el síntoma de la autocensura. Al patinar sobre la idea de la muerte del animal, se enreda en su propio laberinto discursivo y termina entregando una declaración que no conforma a los sectores productivos que vean la pieza, por falta de seriedad técnica, ni a los ecologistas, porque el destino final sigue siendo la exportación de carne. Y esto hace que Grasso se confunda ante un micrófono abierto y confunda a todos los que lo escuchamos.

El intendente pretende exportar carne a Turquía sin hablar de mataderos. En un intento casi tragicómico por esquivar el costo político de la faena de guanacos, Grasso inauguró una nueva rama de la economía irreal: la exportación a lazo.

El discurso tropezado y balbuceante no es casual; es el sonido de un dirigente intentando borrar la sangre de la ecuación comercial, reemplazando la complejidad de la industria frigorífica con insólitos “cursos para enlazar”, en una demostración palpable de cómo la desconexión con la realidad termina destruyendo el mensaje, con el agregado de las formas discordantes, los lugares comunes, las muletillas y los absurdos como “el poquitito” y otras formas absurdas y poco profesional de dirigirse a la gente con un lenguaje, llano, chabacano y muy bajo nivel intelectual.

Si bien este video es el mejor ejemplo de un mal ejemplo, lo podemos replicar en videos de entrevistas espontáneas al gobernador Claudio Vidal (o el de ayer de Pedro Prodomos) donde está claro que los dirigentes se han entrenado para lanzar chicanas o eslóganes de impacto emocional rápido a través de los armados que suelen hacer sus aparatos comunicacionales en campaña, que olvidaron la espontaneidad; es decir, el modelo “X” o “Instagram” les ha atrofiado el músculo del argumentos extenso que se aplica en estos contextos (premisa, desarrollo y conclusión) y cuando se enfrentan a la necesidad de dar un discurso articulado, dar una explicación coherente y ni hablar de sostener una entrevista profunda, quedan en evidencia sus limitaciones estructurales, como las que hicieron que Pablo Grasso expusiera esta pieza de colección.

Es indudable que no se puede exhibir un capital cultural que nunca se acumuló. Es evidente que Grasso tiene una incapacidad crónica para estructurar una oración compleja desde la cual pueda explicar claramente su idea y esto evidencia la ausencia de palabras que no encuentra para expresarlas, por eso el fraseo permanente apoyado por una gestualidad poco televisiva, no es un accidente discursivo, sino el síntoma transparente de la escasez formativa del candidato.

Lo que la educación no forja, la política no lo disimula” nos repetía un erudito profesor de ciencias políticas en la facultad y machacaba hasta el cansancio que los políticos en Argentina vienen cada vez menos formados y esa falta de formación intelectual y de conocimiento hace que, ante la exigencia de explicar procedimientos complejos, sus relatos naufraguen en la precariedad de un diccionario mental muy acotado y breve para la investidura que pretenden representar. Y esto no es solo achacable a Pablo Grasso, sino a todos y cada uno de quienes hoy, en la provincia y en el país, dicen representarnos. (Agencia OPI Santa Cruz)

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