El derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro compareció este lunes ante el juez federal Alvin K. Hellerstein en Nueva York, donde se declaró inocente de los cargos por tráfico de drogas y armas que le imputa la justicia estadounidense tras su captura en Caracas. Trasladado bajo un fuerte dispositivo de seguridad en helicóptero desde el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, el exmandatario ingresó al tribunal a las 12 PM hora del este esposado, con grilletes en los pies y vistiendo uniforme de presidiario, marcando el inicio formal de un proceso judicial histórico apenas días después de que el presidente Donald Trump describiera el operativo como un ataque a gran escala contra la estructura de poder en Venezuela.
Durante la audiencia, Maduro rechazó la legitimidad del proceso y afirmó a través de un intérprete su condición de hombre decente y su supuesta vigencia como jefe de Estado, una postura de negación replicada por su esposa Cilia Flores, quien también se declaró inocente y reivindicó su estatus de primera dama ante el magistrado. La defensa legal del dirigente ha sido asumida por Barry Pollack, reconocido por su representación previa de Julian Assange y la negociación de su libertad en 2024, mientras que Flores cuenta con la asesoría del abogado Mark Donnelly para enfrentar las acusaciones federales que pesan en su contra por delitos de tráfico ilícito.
El expediente judicial expuesto en la corte federal señala implicaciones directas en actividades criminales, destacando específicamente que a Flores se le atribuye haber aceptado cientos de miles de dólares en sobornos en el año 2007 para intermediar una reunión entre un narcotraficante de gran escala y el director de la Oficina Nacional Antidrogas de Venezuela. La pareja presidencial fue transportada en caravana al juzgado, evidenciando el rigor de la custodia impuesta por las autoridades norteamericanas, quienes mantuvieron a Flores con la misma indumentaria carcelaria que su esposo, aunque sin esposas en las manos durante la sesión.
El entorno del juzgado en el bajo Manhattan se convirtió en el escenario de una polarización política visible, donde grupos de manifestantes se congregaron con pancartas y cánticos para exigir la liberación de la pareja y rechazar lo que consideran una guerra por el petróleo venezolano. Frente a las consignas de apoyo al líder derrocado, un contingente menor de contramanifestantes portando banderas estadounidenses y venezolanas se hizo presente en el lugar, obligando a la policía a instalar barricadas físicas para mantener la separación entre ambas facciones mientras se desarrollaba el procedimiento judicial en el interior del edificio. (Agencia OPI Santa Cruz)