El presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, definió el alcance de la intervención norteamericana en Venezuela tras sostener una audiencia clasificada con la cúpula de la administración Trump. El líder republicano descartó de manera explícita el despliegue de tropas terrestres en territorio venezolano, aunque ratificó la continuidad de una estrategia basada en la presión sobre el nuevo gobierno interino. Johnson subrayó que el objetivo de Washington no es un involucramiento directo con soldados en el terreno, sino coaccionar a la administración provisional para forzar avances políticos concretos en la región.
La postura del legislador se consolidó tras una reunión a puerta cerrada que contó con la participación de figuras centrales del gabinete, como Marco Rubio desde la Secretaría de Estado, Pete Hegseth por el Pentágono y John Ratcliffe de la CIA. Al finalizar el encuentro con este núcleo de seguridad, Johnson defendió ante la prensa la total legalidad de las operaciones recientes, que incluyeron bombardeos y la captura de Nicolás Maduro. El argumento oficial vincula estas acciones militares y la presión diplomática con la necesidad imperiosa de mantener estabilizada la economía venezolana mientras se gestiona la transición.
En cuanto a la hoja de ruta política, el republicano estableció plazos perentorios al afirmar que espera la convocatoria a elecciones en el corto plazo. Esta exigencia de comicios inmediatos se presenta como la condición sine qua non para validar el proceso liderado por Estados Unidos, buscando legitimar el cambio de administración a través de las urnas. La declaración sugiere que, si bien no habrá botas sobre el terreno, la injerencia para moldear el cronograma electoral y la estructura del nuevo gobierno será determinante y supervisada desde Washington.
Sin embargo, la estrategia de la Casa Blanca enfrenta resistencia en el propio Capitolio, donde el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, expuso un marcado escepticismo tras recibir el informe de inteligencia. Schumer calificó el plan para que Estados Unidos administre la situación en Venezuela como vago y fundamentado en ilusiones, advirtiendo que el briefing dejó más interrogantes que certezas. El senador sentenció que los cambios de régimen forzados poseen un historial negativo y alertó que este tipo de intervenciones suelen culminar generando daños a los propios intereses estadounidenses. (Agencia OPI Santa Cruz)