La euforia por el récord histórico de producción de crudo y gas alcanzado en 2025 choca contra una pared financiera operativa. Si bien la extracción no convencional en Neuquén y el sur argentino consolidó la matriz exportadora, los datos duros del sector revelan una asimetría peligrosa en la cadena de pagos que amenaza con frenar el ritmo de las inversiones.
El mercado energético argentino presenta una estructura polarizada que define el acceso al capital:
- En la cima de la pirámide operan entre 37 y 40 grandes compañías con acceso a crédito internacional y local.
- En la base, más de 7.700 pymes proveedoras deben financiar la logística, los servicios y los bienes de capital sin las mismas espaldas financieras.
Esta disparidad convierte al financiamiento en el principal “cuello de botella” del sistema. Según Pablo Sanucci, CEO de Finvoi, el dinamismo productivo actual exige alternativas que hoy la banca tradicional no termina de cubrir con la velocidad necesaria.
Asimetrías y falta de herramientas en moneda dura
La auditoría de los instrumentos disponibles muestra que las soluciones de corto plazo, como la Factura de Crédito Electrónica (FCE), funcionan como un parche de liquidez. Este mecanismo permite transformar facturas futuras en caja inmediata y ha logrado tasas de descuento competitivas gracias a la aceptación de las operadoras. Sin embargo, los especialistas advierten que no es suficiente para sostener inversiones estructurales.
El reclamo técnico del sector apunta a dos herramientas clave que hoy requieren mayor profundidad:
- Leasing en dólares: Necesario para calzar los costos con contratos dolarizados y permitir la adquisición de maquinaria pesada y bienes de capital.
- Obligaciones Negociables Pyme: Se requiere extender los plazos para que los proveedores no dependan exclusivamente del giro bancario corto y puedan planificar a mediano término.
La estrategia, según plantea Sanucci, debería migrar hacia la concentración de ofertas en plataformas digitales que eviten la burocracia de trámites repetitivos ante múltiples instituciones. Aunque la estabilidad macroeconómica podría incentivar la aparición de créditos a largo plazo, el consumo actual de crédito en Argentina sigue muy por debajo de los estándares internacionales para países en desarrollo. Sin flujo de capital real hacia los eslabones más débiles de la cadena, el “motor” de Vaca Muerta corre el riesgo de griparse por falta de lubricación financiera en sus componentes básicos. (Agencia OPI Santa Cruz)