(Por: Rubén Lasagno) – Un amigo que sabe mucho de minería nos envió hace unos días una infografía donde se detallan en grandes rasgos dos cifras claramente contrastantes, dice: Complejo minero chileno U$S 63.000 millones y la otra cifra es Complejos argentino sojero, maíz, trigo y girasol U$S 38.900 millones.
La infografía plantea un contraste contundente: el complejo minero chileno genera por sí solo un volumen de divisas (USD 63.000 millones) que supera ampliamente a todo el complejo agroexportador principal de Argentina (USD 38.900 millones). Otro amigo que recibió esta misma infografía me dijo textualmente “Esto es como comparar mandarinas con tornillos” y ahí se me ocurrió analizar estos datos que elaboró el Grupo Sarmiento, a la luz de nuestra realidad nacional en materia de producción-exportación-generación de divisas.
La ausencia del complejo minero argentino en esta infografía sin duda es adrede y responde a una decisión netamente retórica y de impacto comunicacional por parte de los autores (en este caso, el Grupo Sarmiento), más que a un olvido estadístico. Incluir la minería argentina en el gráfico no haría más clara la comparación, sino que diluiría el mensaje central por las razones que vamos a explicar.
Pienso que el gráfico no busca comparar el mismo sector entre dos países, sino la principal fuente histórica de generación de divisas de Chile contra la principal fuente de generación de divisas de Argentina.
El campo (el complejo de soja, maíz, trigo y girasol) es el sostén estructural de las reservas del Banco Central argentino y sobre la que se basa la economía nacional; mostrar que las “rocas” de Chile generan casi el doble de dólares (USD 63.000 millones) que el mundialmente reconocido y competitivo agro argentino (USD 38.900 millones) genera un shock cognitivo mucho mayor para el lector de nuestro país/provincia, que tirar las cifras comparativas de la misma actividad. Impacta más en la línea editorial mostrar cómo un país vecino supera al mayor orgullo exportador argentino, que simplemente mostrar una tabla de “Minería vs. Minería”. Debo reconocer que desde lo comunicacional el recurso es impecable.
Comparar la minería sin minería
Si en el gráfico se incluyera la producción del complejo minero argentino, el gráfico perdería su fuerza de contraste equilibrado. Las exportaciones mineras argentinas totales rondan históricamente los USD 3.500 a 4.000 millones anuales (llegó a 6000 históricamente en el 2025) y si bien el contraste es notorio, no es tan impactante como mensurarlo comparativamente con la principal actividad económica argentina, que es la agrícola.
Si los autores de esta infografía hubieran colocado esa barra de producción minera en la imagen, representaría apenas un 6% del volumen chileno y si bien a nivel regional la extracción de oro y plata tiene un peso decisivo y es el motor económico de varias provincias patagónicas o cordilleranas, a nivel macroeconómico nacional el volumen queda totalmente eclipsado. Si se incluyera ese dato, la información pasaría a ser una simple demostración de la debilidad de un sector, en lugar de una interpelación sobre los modelos de desarrollo de ambos países.

El objetivo de este tipo de placas de datos es marcar una agenda y generar debate público. El mensaje implícito es el enorme costo de oportunidad, algo así como decir “Miren la cantidad de riqueza que estamos dejando enterrada compartiendo la misma cordillera”.
Al cruzar los datos de minería con los del agro, se subraya que Argentina tiene el potencial geológico para tener “dos motores” de peso global sosteniendo su macroeconomía, pero debido a la falta de políticas de Estado a largo plazo, trabas regulatorias o falta de consenso social, opera con uno solo y en el análisis y exposición de datos, cruzar variables de distintos sectores es un recurso sumamente efectivo para editorializar con números duros.
El “modelo” Santa Cruz
Lo que ocurre en Santa Cruz con la minería es la gran contradicción que marca el pulso de la provincia con una economía de enclave donde la riqueza se genera bajo tierra, pero se gestiona (y se fuga) sobre ella, como ya lo hemos marcado y analizado en profundidad en informes anteriores.
Para desglosar por qué esos miles de millones de dólares en exportaciones no se traducen en mejores rutas, hospitales o servicios básicos en localidades como Perito Moreno, San Julián o Gregores, hay que analizar cuatro factores estructurales que se genera en el marco legal minero nacional, vigente desde los 90, que establece un tope del 3% de regalías sobre el valor “boca de mina”.
Ese 3% no es sobre la facturación total, sino sobre el valor del mineral una vez deducidos los costos de extracción, transporte, trituración, etc. En la práctica, el ingreso neto para la provincia suele rondar el 1.5% o 2% del valor real exportado. Es decir de por sí el porcentaje es bajo y si a eso le agregamos la corrupción estatal, es muy reducido.
Mientras la minería aporta el 95% de las exportaciones de Santa Cruz, su aporte directo al presupuesto provincial es ínfimo comparado con la Coparticipación Federal o las regalías petroleras.
Santa Cruz intentó compensar las bajas regalías con acuerdos “voluntarios” (como el programa UNIRSE). Estos fondos, que deberían destinarse a infraestructura crítica y desarrollo productivo alternativo, históricamente se han utilizado para cubrir déficit corriente (sueldos públicos) o para asistencialismo político.
Proyectos de conectividad eléctrica o rutas (como la emblemática y eterna demora de la Ruta 3 o la falta de mantenimiento en la 40) no han sido prioridad en la reinversión de la renta minera, dejando a las comunidades mineras aisladas y con servicios deficientes.
La minería en el Macizo del Deseado funciona bajo un esquema de aislamiento operativo es decir gran parte de la tecnología y los insumos críticos vienen de fuera de la provincia o del país.
El flujo de divisas permitió, durante décadas y hasta la actualidad, sostener un Estado sobredimensionado, en lugar de invertir en infraestructura que diversifique la matriz (turismo, pesca, energía eólica etc), la renta minera y petrolera fue usada por los anteriores gobiernos y el actual también para financiar la paz social mediante el empleo público.
En 2025, el oro tocó precios históricos, sin embargo, Santa Cruz sigue discutiendo paritarias de salud y educación en condiciones críticas. La brecha entre el PIB per cápita (que es de los más altos del país por la minería) y el índice de Desarrollo Humano real de un habitante en el interior provincial, nunca fue tan ancha. (Agencia OPI Santa Cruz)