(OPI TdF) – La economía de Tierra del Fuego ha entrado en una fase de alerta roja. Lo que comenzó como señales dispersas en el primer semestre, hoy se consolida como un escenario de estancamiento estructural que excede los portones de las fábricas. En los últimos seis meses, la combinación tóxica de la crisis terminal del sector textil y la fragilidad contractual en la electrónica ha impactado directamente en la línea de flotación de la ciudad: el consumo de las familias.
El motor electrónico: Funcionando al mínimo
La industria electrónica, históricamente el gran ordenador social de Río Grande gracias a los beneficios de la Ley 19.640, atraviesa un momento de “expectativa defensiva”. Si bien no se han ejecutado despidos masivos que cronicar en los titulares nacionales, la realidad puertas adentro es de una precarización sostenida.
El vencimiento de los acuerdos de estabilidad con la UOM y la falta de horizonte claro sobre la normativa nacional han derivado en un esquema de contratos cortos. Las empresas, ante la falta de previsibilidad sobre el acceso a dólares e insumos, han optado por frenar incorporaciones y reducir la producción al mínimo indispensable. No se despide, pero tampoco se crece; se “agunta” en una zona de riesgo constante.
El drama textil: Un retroceso sin red
Mucho más grave es la situación del polo textil. Aquí ya no se habla de incertidumbre, sino de un achicamiento estructural. Durante el segundo semestre de 2025, el sector sufrió cierres y suspensiones que dejaron a cientos de familias sin su sustento principal.
A diferencia de la electrónica, que posee mayor “cintura” política y corporativa para negociar, el sector textil fueguino ha quedado expuesto a la apertura de importaciones y la caída de ventas sin herramientas de contención efectivas por parte del Gobierno Provincial ni Nacional.
El “Efecto Dominó” en la calle
Para el lector que no pisa una fábrica, el impacto llega igual. Río Grande es una ciudad donde el salario industrial subsidia al resto de la economía. Cuando el operario metalúrgico o textil pierde poder de compra o teme por su puesto, el primer damnificado es el comercio local.
Los datos de la realidad son inobjetables:
- Caída del ticket promedio en supermercados y almacenes.
- Morosidad en alquileres, un mercado vital en la isla.
- Cierre de pequeñas prestaciones de servicios.
La “traducción urbana” de esta crisis es un mercado que opera en modo subsistencia. La falta de un plan productivo claro y las discusiones eternas sobre la competitividad del régimen han erosionado la confianza. Hoy, el trabajador fueguino no consume ni invierte; simplemente, trata de sobrevivir al mes.
Sin políticas que otorguen certezas jurídicas y económicas inmediatas, Río Grande corre el riesgo de profundizar un círculo vicioso donde la caída industrial arrastre definitivamente a la paz social de la ciudad. (Agencia OPI Tierra del Fuego)