El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabezó una reunión estratégica con sus asesores de seguridad nacional en la Oficina Oval para evaluar la ejecución de ataques terrestres en Venezuela, una medida que marca una escalada directa tras el vencimiento del ultimátum impuesto a Nicolás Maduro. El mandatario estadounidense había fijado el viernes pasado como fecha límite para que el líder venezolano renunciara al poder y abandonara el país junto a su familia, condición establecida durante una conversación telefónica el 21 de noviembre. La negativa de Maduro a aceptar las condiciones de Washington, que ofrecía seguridad personal a cambio de una dimisión inmediata, precipitó la revisión de opciones militares directas bajo el argumento de combatir el narcoterrorismo.
La diplomacia de presión directa fracasó cuando Maduro rechazó la oferta de salida y presentó contrapropuestas que incluían una amnistía global, inmunidad y la retención del control sobre las fuerzas armadas, exigencias que no fueron aceptadas. Fuentes cercanas a la operación indicaron que Trump envió un mensaje directo advirtiendo al mandatario venezolano sobre la necesidad de salir del país para salvarse a sí mismo y a su entorno. A pesar de que Trump calificó públicamente la comunicación como un intercambio neutral, informes señalan que Maduro intentó sin éxito solicitar una segunda llamada luego de que Estados Unidos procediera al cierre del espacio aéreo venezolano, consolidando el aislamiento del régimen.
El despliegue de fuerza estadounidense en la región alcanzó niveles inéditos en las últimas tres décadas, con la movilización de aproximadamente doce buques de guerra y 15.000 soldados hacia el Mar Caribe. Esta presencia militar ya ha derivado en acciones letales; desde el 2 de septiembre se registraron al menos 21 ataques contra embarcaciones sospechosas que resultaron en 83 muertes. La agresividad de la estrategia fue ratificada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien defendió la legalidad de los operativos frente a reportes que le atribuyen la orden de no dejar sobrevivientes en las interdicciones marítimas. El propio Trump reforzó esta postura durante el Día de Acción de Gracias, sugiriendo que las detenciones por tierra comenzarían muy pronto debido a la facilidad logística que representan.
La inminencia de una incursión terrestre genera escepticismo tanto en el entorno del gobierno venezolano como entre analistas internacionales, quienes cuestionan la solidez de los argumentos presentados por la Casa Blanca. Mientras fuentes vinculadas al oficialismo en Venezuela interpretan las amenazas como un engaño, expertos como Christopher Galdieri advierten que la administración Trump no ha realizado el trabajo político interno necesario para justificar una guerra, a diferencia de lo ocurrido previo a la invasión de Irak en 2003. La inconsistencia entre la retórica aislacionista de Trump respecto a conflictos en Oriente Medio y Ucrania, contrastada con la apertura de un frente bélico en Sudamérica basado en argumentos calificados como endebles por la academia, expone las contradicciones de la actual política exterior estadounidense. (Agencia OPI Santa Cruz)