(Por: Rubén Lasagno) – La mayoría de los votantes en el 2023 buscó un cambio a lo establecido durante 20 años de kirchnerismo, básicamente referido al fin de la corrupción, a la mentira como modalidad discursiva y fundamentalmente, a la honestidad y la moral, valores absolutamente ausentes en la política nacional y lo que forzó el volantazo social en las urnas poniendo en funciones a un outsider llamado Javier Milei.
Por todo eso y la sed de cambio que había, La Libertad Avanza se transformó en un fenómeno político único y desesperado de una sociedad harta de mentirosos y saqueadores. Todo el país cambió su voto para castigar a los innobles y darse una nueva oportunidad: el cambio verdadero de una vez y para siempre.
En dos años y medio ha sido capaz de soportar crueldades poco convencionales como los recortes en la Salud y la Educación, el cierre de organismos públicos, la desfinanciación del sistema universitario, el abandono de las rutas, el fin de la obra pública, la recesión, la falta de aumentos salariales, la caída de la calidad de vida y la destrucción de las jubilaciones, los despidos masivos, sin contar el cierre masivo de fábricas y empresas, la apertura indiscriminada de la importación que terminó de matar la iniciativa privada y muchísimas cuestiones que impactaron (una vez más) en las clases media y baja, sometiendo al asalariado a una nueva y absurda condena a la privación, con medidas claramente restrictivas no solo desde lo monetario, sino desde lo humano, como, por ejemplo, el quite de beneficios y medicamentos a los discapacitados.
Con el cuchillo entre los dientes, la gente le otorgó al presidente una carta blanca para disparar en la oscuridad, aun cuando sabemos que la bala siempre alcanza a los más necesitados, observando, como tantas otras veces en la historia, paralelamente el gobierno beneficiaba a los amigos del poder, financistas, bancos, empresas multinacionales de todo tipo y color, e implantaba el RIGI, que es conceder todo para que se lleven más de lo que pueden pero sin pagar un peso y solo a instancias del argumento de que “la inversión” traerá mano de obra, producción y bienestar. Nos mentía escandalosamente, pero aun así la sociedad lo contuvo y lo sostuvo.
Desde el atril político, a la par que el presidente puteaba a todos aquellos que se opusieran al “déficit cero”, el vocero Manuel Adorni chasqueaba la lengua, miraba de costado y sonreía con cara de payaso malo a quien osara cuestionarle el rumbo del gobierno. La moral, el recorte y el eslogan “el que las hace, las paga” daban esperanzas, aun cuando todo el mundo sabía que el impacto de lo malo siempre pega en la misma línea de flotación de la sociedad: los que menos tienen y que solo pueden hacer algo para cambiar el status quo cada 4 años.
La realidad revelada
Y así apareció la mugre bajo la alfombra de quienes no son mejores que los otros, solo que tienen una forma de robar y manifestarse distinta. Y Andis, Libra, PAMI, Aduana, Spagnuolo y una saga de corruptelas institucionales y personales del Presidente, su gobierno y la convidada de piedra en el poder, su hermana Karina, comenzaron a brotar como lunares entre los moralistas de bragueta abierta, a los que el pueblo, aun así, les daba el beneficio de la duda.
Pero esa saga tuvo un remate, que aún está lejos de ser el final; y se llama Manuel Adorni. Y aquí llegamos a la cúspide de la estupidez humana, la soberbia, la complicidad y la mentira más abyecta. El moralista con la bragueta abierta, que pontificaba orden y rectitud y amenazaba con castigos bíblicos desde el atril, descendía a los infiernos por mano propia y hoy es un lastre tan grande como inentendible lo es para la sociedad: que el presidente de todos los argentinos lo siga sosteniendo en el cargo y más aún, lo ponga por sobre cualquier otro funcionario y les pida a todos aquellos que lo cuestionen que renuncien si no les gusta.
Y si alguna duda le queda a la gente de que a Milei le importa muy poco la confianza que depositó el ciudadano en sus manos, solo basta escuchar las palabras que repitió al menos tres veces públicamente, cuando, traducido su significado, dijo: “Yo no tengo problema en que nos volvamos a nuestras casas y sigamos en la actividad privada”, algo así como el chico dueño de la pelota en aquellos baldíos de antaño, cuando el gordito al que solo poníamos en el arco nos dejaba a todos sin jugar cuando, enojado, se iba para su casa en las tardecitas soleadas y frías de algún potrero argento que acuñó tantos talentos futboleros en el país.
Y el presidente que los argentinos elegimos para cambiar lo establecido nos conduce por el mismo empedrado suelto en el que nos arrastró el kirchnerismo hasta su última aventura en el período 2019-2023, donde nos llevaron al infierno en la tierra y ahora sabemos que se robaron tanto o más que los padres de la corrupción en 16 años, con la implementación por parte de Sergio Massa del cepo y los negocios con las importaciones, aprovechando la brecha del dólar y la asignación de permisos discrecionales para comprar una divisa a 300 pesos cuando valía 1.000 y engordaron los bolsillos de una banda de forajidos, encabezados por el propio tigrense y el inútil, golpeador y corrupto de Alberto, ambos bajo la batuta de la jefa de la banda, a la que todos sabían que nos iba a robar (nuevamente), pero igual la votaron, por obra y gracia de Mauricio Macri.
“Otra vez sopa”
Y hoy estamos ante una situación similar a la del 2019. Milei ha pasado de ponerle un clavo en el cajón del kirchnerismo a meterse solito dentro del ataúd. Y su ineptitud, falta de timing político, egoísmo personal y desinterés social estánmetiendo a los argentinos con él y poniéndonos en riesgo de volver a subirnos al tren fantasma en el 2027, al que ya le están sacando el óxido de las ruedas para empezar a correr una nueva posta, conducido por los fracasados, impresentables y corruptos de siempre como Kicillof, Pichetto, Moreno, Grabois y una interminable lista de muertos vivos.
Javier Milei quiere salir del pozo cavando. Nadie encuentra el cielo limpio y azul, con aire oxigenado y transparente, yendo hacia el magma. Las metáforas para pintar la irreductible necedad de un presidente absurdo no son suficientes para explicar este fracaso al que parece llevarnos. Él y los atorrantes que lo acompañan están salvados. Los argentinos parece que no podemos salir de los emblemáticos fracasos que nos han caracterizado desde la vuelta de la democracia y vamos camino a chocar la calesita otra vez; y no hay nada más absurdo que chocar una calesita que gira sobre su propio eje y, como la Argentina, no va hacia ningún lado. (Agencia OPI Santa Cruz)
Y YO LO VOTÉ LA CONCHA DE SU MADRE