(OPI TdF) – La crisis laboral en la empresa Blanco Nieve ha superado el mes de vigencia sin soluciones a la vista, consolidando un escenario de conflicto donde la resistencia de los trabajadores choca frontalmente con la inacción de la patronal. Tras más de 30 días desde los despidos, el personal mantiene la ocupación pacífica de la planta, una maniobra estratégica destinada a evitar el vaciamiento de activos y garantizar, mediante la custodia de la maquinaria, el cobro del 100% de las indemnizaciones que por ley les corresponde.
Marcela Cárdenas, delegada del personal y representante del SOIVA (Sindicato Obrero de la Industria del Vestido y Afines), expuso la gravedad de la situación al confirmar que la permanencia en las instalaciones lleva ya 37 días. La medida de fuerza no es solo una protesta, sino un resguardo patrimonial ante la desconfianza que genera la figura del propietario, Diego Russo. Los trabajadores entienden que la infraestructura y las máquinas son la única garantía tangible para cobrar lo adeudado frente a lo que califican como un abandono total de las obligaciones empresariales.
La denuncia contra Diego Russo es contundente y expone la precariedad jurídica a la que son sometidos los empleados. Cárdenas calificó al empresario como “un sinvergüenza“, detallando que Russo emitió los telegramas de despido prometiendo el pago del 50% de la indemnización —una cifra ya de por sí inferior a la legal—, pero ni siquiera cumplió con ese compromiso parcial. “Hizo un abandono total de sus responsabilidades“, sentenció la delegada, remarcando que el reclamo del colectivo es innegociable: el pago de la totalidad de la indemnización, rechazando cualquier intento de liquidación a la baja.
Mientras la disputa legal y gremial se estanca por la falta de respuesta del titular de la firma, las familias afectadas han debido recurrir a una economía de subsistencia dentro de la propia fábrica. Cárdenas hizo un llamado a la comunidad para sostener el fondo de huelga mediante la venta de elaboraciones caseras, como tortas fritas y bolas de fraile, además de productos diversos que van desde ropa hasta artículos de limpieza. “Él es el que se está quedando con nuestra plata, con nuestro presente y nuestro futuro“, concluyó la representante gremial, desnudando la lógica de un empresariado que, según sus palabras, “se lava las manos” tras años de sacrificio de sus empleados. (Agencia OPI Tierra del Fuego)