La estabilidad macroeconómica que celebra el oficialismo —con acumulación de reservas y dólar en retroceso— choca de frente con la realidad del subsuelo productivo. El economista y empresario pyme Gustavo Lázzari advirtió que la transición hacia una economía abierta expone la fragilidad de un parque industrial que arrastra deudas y carece de oxígeno financiero.
“La apertura le viene antes que la baja de costos a muchas empresas y así no llegan“, sentenció Lázzari, marcando la asimetría entre los tiempos de la política y la resistencia de las cajas empresarias. En el nuevo esquema, el negocio ya no es retener stock, sino rotar mercadería en un escenario de márgenes de rentabilidad mínimos.
El diagnóstico de las empresas rotas y averiadas
Lázzari identifica un universo crítico: un tercio de las pymes locales están “rotas o averiadas”. El síntoma es claro: existen 341.000 planes de pago vigentes y un aumento sostenido en el reporte de cheques rechazados.
Según el especialista, una empresa que antes destinaba 20 puntos de su facturación a pagar pasivos, hoy solo dispone de 5 debido al aumento de los costos operativos. Ante esta emergencia, el sistema bancario brilla por su ausencia: “Si pedís reestructurar a diez años, te dicen que no tienen ese instrumento”, denunció el empresario.
Inversión versus salariazos por decreto
Respecto a la recuperación del mercado interno, el análisis es tajante: el consumo no reaccionará por aumentos salariales compulsivos. Para Lázzari, los sueldos más generosos son “hijos de la inversión”. El ciclo virtuoso solo arranca cuando el privado confía, invierte en ampliar su capacidad y genera empleos que luego se vuelcan al consumo.
En cuanto a la Reforma Laboral, el enfoque debe estar en reducir la litigiosidad. La informalidad actual no es una elección, sino una consecuencia directa de una presión tributaria que sobre el salario supera el 100%, volviéndolo impagable para cualquier estructura pyme saneada. (Agencia OPI Santa Cruz)