(Por: Rubén Lasagno) – Hay una extraña sensación en la parte socio-gremial de la provincia, por la actitud de los sindicatos estatales ante el avance del Ejecutivo para lograr un consenso sindical para que pueda tomar una deuda a 15 años por 600 millones de dólares, proyecto que ya ingresó en la Cámara de Diputados y será analizado en las Comisiones.
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Lo más llamativo es que, excepto ADOSAC que se expresó fuertemente sobre un rotundo desacuerdo a la toma de deuda internacional y en dólares por el gobierno, los demás sindicatos provinciales, en su mayoría prestos a cuestionar este tipo de medidas que hipotecan el futuro de la provincia, no han dicho absolutamente nada; es más, AMET (escuelas técnicas) y UPCN, cuyo secretario general es funcionario de la provincia dieron su apoyo explícito a la toma de este empréstito, en principio alegando tangencialmente que era bueno para los trabajadores porque serviría para reacomodar los salarios caídos.
Esta “interpretación” de los sindicatos, estuvo lejos del espíritu de Vidal al informar la toma de un crédito de esta magnitud y obligó al Ministro de Economía Ezequiel Verbes a que aclare que de ese monto, nada irá a parar a salarios, sino a infraestructura y otros rubros imprecisos y de difícil comprobación que esas inversiones se hagan y esa plata o parte de ella, posiblemente vaya a parar a campañas políticas y/o bolsillos de funcionarios y empresarios amigos.
Dicho esto, tanto por las propias aclaraciones de Verbes como de la Ministro Elmiger, la carta de triunfo de los gremios se cayó. Es decir, si nada de esa plata va a ir a salario entonces ¿Cuál es el motivo que hace que un sindicato estatal en la provincia apoye o ignore una medida de este tipo cuando históricamente el Presupuesto 2026, el RIGI, el endeudamiento de 100 mil millones de hace pocos meses o la asignación del supuesto pago de 350 millones de dólares por parte de YPF, han sido bastiones de lucha de los sindicatos que hasta han obligado a los diputados a suspender sesiones y replantear algunas decisiones legislativas, donde, claramente nunca los tuvo como objetivo a favorecer, al igual que éste.

Entonces ¿Cómo es posible que ante tamaño anuncio del gobierno, haya sindicatos “combativos” que guarden las uñas, enrollen las banderas, hagan silencio y hasta en algunos casos, apoyen “la necesidad” de esta toma de deuda, a pesar y por sobre todo, que el propio gobernador dice que nada de ese dinero va a ir a recomponer salarios?
Me pregunto ¿Es pragmatismo puro esta actitud prosaica, procaz e indulgente del espectro gremial provincial, siempre atento a luchar por los salarios, el derecho de los trabajadores, la dignidad de sus afiliados y en contra de las decisiones arbitrarias del gobierno o estas decisiones oscuras que contienen más preguntas que respuestas, como en su momento fue la lucha que los sindicatos provinciales iniciaron en las calles y frente a la legislatura por la Emergencia Económica, la reforma de la Ley Laboral, el RIGI o el endeudamiento que la provincia tomó a cancelar en el curso del año?
Nada es casualidad
Personalmente estoy preparado para pensar mal primero y confiar en los institutos después. Tengo, por historia de vida, experiencia fáctica y análisis continuo de la realidad provincial y nacional que hago a diario desde hace varias décadas, la tendencia a no creer en las promesas, opiniones y dichos per se tanto de la clase política, como de actores sociales y sindicales.
Entiendo que tras cada argumento institucional de estos niveles, con alta incidencia en la vida social, se cuecen intereses sectoriales y la mayoría de las veces personales (de la dirigencia con el Poder) y que por debilidad humana congénita, todos sufrimos de la misma insuficiencia y solo nos regula en mayor o menor medida, el umbral de conciencia e interés material o ambición política, que cada uno tengamos. Es decir, esto, bajado al vulgo se puede reflejar en la frase “todos tenemos un precio, solo hay que adivinar cuál es el monto que puede hacer flaquear la resistencia”.
Lo dije en un análisis anterior y lo repito ahora, el gobierno de la provincia en esta oportunidad, al revés de lo que hizo en ocasiones anteriores, antes de concretar el anuncio del empréstito, a través de Pedro Luxen (único con capacidad de diálogo en el Ejecutivo), hizo reuniones individuales con las cúpulas sindicales de la provincia para “explicar” la necesidad de tomar esos fondos, pero nunca aludió a que esa plata iba a ser destinada a la recomposición salarial. Es decir, que los gremios en su conjunto, supieron desde el primer momento que de estos fondos nada va a ir a solventar el déficit salarial, la actualización de los sueldos o a ser parte de alivio financiero de los empleados públicos provinciales.
Y justamente, en base a esta información que el propio gobierno se encargó de difundir, se hace más estridente el silencio de los sindicatos que ¡Oh sorpresa!, en este caso no se oponen al endeudamiento expresamente, no son reactivos a los anuncios oficiales, no sacan comunicados lapidarios ni se reúnen con la consigna dura de no ceder ante un Ejecutivo de intenciones oscuras, poco transparentes y que en ningún lado contiene al trabajador; no movilizan o convocan a hacerlo en contra de una medida claramente perjudicial para los propios asalariados porque paradójicamente será el pago de este empréstito, entre otras deudas y el altísimo déficit que arrastra Santa Cruz, el argumento futuro del gobierno para anclar argumentativamente las limitaciones presupuestarias a futuro.
El Frente gremial
La unión de los gremios en Santa Cruz nacido bajo el paragua de los reclamos comunes de los empleados públicos, esta vez ha generado un comunicado algo tardío pero a su vez, si bien mantiene una fuerte implicación sobre la necesidad de la recomposición salarial de forma inmediata, lo que apunta desde el título, el resto del reclamo no se aleja de la normalidad de la exigencia salarial estándar y para entender el “conservadorismo” de los gremios en esta oportunidad, hay que analizar el subtexto del anuncio que deja de ser contundente sobre con el objeto que da origen (el endeudamiento) y es firme en cuanto al reclamos puntual sobre salarios bajos, retrasados, congelados producto del ajuste y la mala distribución de la renta minera y petrolera, lo cual es todo cierto, pero no ataca en núcleo central del problema: el endeudamiento que informó el gobierno sobre la toma de un empréstito de 600 millones de dólares.
Utilizando la simbología gráfica de alerta y magnificación del discurso escrito, el comunicado del FS luce uno de los párrafos centrales resaltado en azul (sobre el fondo blanco de todo el resto), se aplica el ícono de un megáfono, que implica el grito que se quiere hacer escuchar y el texto entre signos de admiración repetidos que le dan fuerza a las palabras dichas en tono alto, pero cuanto el lector cree que allí se va a encontrar con un mensaje explícito, fuerte y demandante hacia el Ejecutivo por el pedido de endeudamiento, el Frente Sindical señala puntualmente: “¡¡¡Es de estas ganancias extraordinarias de donde debería el gobierno buscar los fondos necesarios para mejorar la vida de los santacruceños!!!.
Acá existe una elipsis clásica de los mensajeros que quieren decir algo sin decirlo, pero asocian al mensaje con un hecho que aun siendo concurrente con el reclamo de ese momento (obtener plata de un préstamo), evita manifestarlo claramente y hace alusión al mensaje previo del gobierno el cual a fin de “aclarar” donde irán esos fondos, argumentó que serán “para mejorar la vida de los santacruceños”, sin embargo, esa elipsis que está implícita en el mensaje de los sindicatos, evita la confrontación dialéctica directa con el gobierno en el tema central que el comunicado deja afuera: la toma de deuda por 600 millones de dólares y solo intenta “demostrar” que hay otras formas de hacerse de los fondos a través de esas ganancias extraordinarias que enumera más arriba.
Entonces cabe preguntarse ¿Por qué el Frente sindical no acciona de manera clara y contundente en esta oportunidad?. Y aquí debemos ir al inicio de este análisis donde digo que el gobierno en esta oportunidad, aplicó una estrategia inversa; primero se reunió con los gremios para decirle lo que va a hacer (no para consultarlos o consensuar opiniones) y pedirles que no sean “un palo en la rueda” y eviten generar una posición gremial que impacta fuertemente en la opinión pública, generando resistencia y críticas que van en contra del gobierno mismo.
Sin duda los gremios (excepto el sector docente) se han comprometido a no ejercer la crítica y presión directa, pero le han pedido al gobierno un espacio de “discusión pública” para manifestarse ante sus afiliados y no quedar expuestos como los otorgantes de este pedido formal de endeudamiento y en todos los casos (UPCN, Amet, Apap y ahora el Frente Sindical) hacen hincapié en la necesidad imperiosa de la recomposición salarial pero eluden o no rechazan ni apoyan el núcleo del problema: el endeudamiento.
¿Acuerdo o algún intercambio?
Es raro, pero no me llama la atención que ATE provincial, uno de los gremios fuertes del frente, tenga mucho que ver con la actitud pública “lavada” ante lo que está ocurriendo. Carlos Garzón, titular del CDP, como lo referimos al inicio de la gestión de gobierno del SER en el 2023, es amigo personal del gobernador Claudio Vidal y no tengo dudas que esta postura sindical responde a esa relación y el compromiso del dirigente a mostrar su benevolencia a la hora de plantear un reclamo; el problema de Garzón es que en base a la radicalización permanente en los reclamos permanentes del Frente Sindical, se nota que el grupo de gremios “aflojó” sensiblemente su embestida y trata de disimular el problema sin hacer, precisamente, eje en el problema central. Pero si nos remitimos a la historia reciente, encontramos que ATE estuvo alineado con el segundo mandato de Alicia Kirchner, Alejandro Garzón era funcionario de gobierno y Olga Reinoso actuaba en las Paritarias, cerrando cualquier oferta de aumento mínimo que hacía el Ejecutivo.
Este es el problema de los gremios. Ser tan frontal y refractario en los discursos políticos del Ejecutivo como en el RIGI, el Presupuesto, la toma de deuda por 100 mil millones, la Reforma Laboral o la Emergencia Económica, hace más fuerte el silencio sobre este tema que hasta diría es de mayor gravedad por el impacto directo que tendrá en los salarios a futuro esta toma de deuda a 15 años y en dólares, más aún cuando los gremios saben expresamente, porque el gobierno lo dijo claramente, que ni un solo peso de ese préstamos irán a reponer los salarios caídos y solo hablan de que “seguramente van a incidir en los sueldos públicos” cuando se retroalimente el círculo virtuoso de la inversión prevista (¿?), algo que es una mentira atroz de este gobierno tan incumplible de su parte como incomprobable dado que, como los anteriores de Alicia, solo quiere hacerse de los fondos para luego dilapidarlos en cuestiones que nunca va a demostrar y menos rendir ante la sociedad ante un Tribunal de Cuentas y una Justicia provincial inválida, muda y ciega. (Agencia OPI Santa Cruz)