La auditoría del organismo fiscalizador computó la destrucción de cuatro cazas F-15E, una aeronave F-35 y 30 drones MQ-9, sumados a desembolsos logísticos extraordinarios por 7.400 millones de la divisa norteamericana.
Las declaraciones públicas de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y de Pete Hegseth, secretario de Defensa en Washington D.C., quienes sostuvieron que las reservas de armamento del país eran “prácticamente ilimitadas” y catalogaron de falsas las advertencias sobre una eventual escasez, quedaron refutadas por un informe técnico del Inspector General del Departamento de Defensa. La oficina de control independiente certificó la existencia de severos “déficits estratégicos” en los inventarios militares norteamericanos tras el desarrollo de las hostilidades bélicas contra Irán.
Un desembolso de 33.400 millones de dólares representó el gasto bélico total computado por Estados Unidos entre el 28 de febrero y el 30 de junio, de acuerdo con el informe oficial divulgado por la cadena británica BBC en Londres. Del total presupuestario auditado, una partida superior a 22.000 millones de dólares se destinó exclusivamente al suministro de municiones entre febrero y junio, exponiendo una aceleración crítica en el consumo logístico de los arsenales.
Durante las maniobras balísticas en el frente de combate, las tropas estadounidenses utilizaron volúmenes masivos de sistemas de ataque de largo alcance, junto con baterías completas de defensa aérea y escudos antimisiles para repeler ataques. A este drenaje de insumos se sumaron mermas por 3.700 millones de dólares en pérdidas materiales de material bélico y otros 7.400 millones de dólares derivados de partidas presupuestarias extraordinarias.
El Pentágono registra bajas de combate y cuellos de botella fabriles
En el inventario de equipamiento militar inutilizado, el cuerpo de fiscalización confirmó la destrucción de cuatro cazas de ataque F-15E, un avión de combate de última generación F-35 y 30 drones no tripulados MQ-9, siniestrados bajo distintas circunstancias operacionales. La pérdida de estos sistemas de armas de alta tecnología evidenció el desgaste inmediato de la flota aérea durante las operaciones tácticas.
El documento del organismo fiscalizador identificó “cuellos de botella en la base industrial” que obstaculizan la reposición de los arsenales y demoran la recuperación de los stocks de seguridad nacional requeridos por las fuerzas armadas. Las empresas proveedoras del complejo militar carecen de capacidad instalada inmediata para fabricar y restituir los proyectiles de precisión al mismo ritmo que demandó la confrontación armada.
Actualmente, la sede central del Pentágono tramita modificaciones reglamentarias para acelerar los contratos de compra de pertrechos y comprimir los cronogramas de producción en las fábricas de defensa, con la directiva de reconstruir las reservas de municiones y sostener la capacidad de respuesta militar ante contingencias futuras. (Agencia OPI Santa Cruz)






